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La Gran Escolarización de los Adultos.- ¿estamos preparados?

Hoy contamos con un artículo de Janjo Goñi, que si bien no es reciente (2007) nos marca una tendencia que después de estos años sigue de siendo de gran interés y que será una de las temáticas a trabajar dentro del II Bilbao Youth Employment Forum que organizaremos en el último tramo del año y al que os animamos sigáis muy de cerca.
En una sociedad con tantos
cambios y sometida a una sucesión de oleadas tecnológicas ya no es posible
pensar que lo aprendido de joven nos sirve para siempre. Lo que hace 50 años
era un objetivo de escolarización del máximo de la población joven, ahora se
traslada a una nueva escolarización de toda la población. Sí, de toda la
población, del niño, del joven, del profesor, del transportista, del abogado,
del alcalde, del dependiente, del funcionario, del empresario,…de cualquier
trabajador en activo, de quien está en reciclaje profesional y también del que
se jubila, y por supuesto de usted amigo lector y de mi mismo.
La escolarización de jóvenes ha
sido sin duda un pilar fundamental de un sistema social sobre el que construir
la capacidad explotar el conocimiento de que hoy disponemos, pero en este
momento esta capacidad es ya insuficiente. La diferencia respecto a la
situación anterior –la escolarización de jóvenes- es que ahora la gran mayoría
de los que necesitamos formación somos los adultos, y que los sistemas
formativos han sido diseñados y desarrollados para niños y jóvenes. La
formación de adultos requiere de otras bases de partida y por supuesto de
nuevos criterios sociales en los modos de entender en que consiste la formación
y como se puede llevar a cabo.
Algunos indicadores de países más
avanzados que el nuestro, nos dicen que una de cada tres personas adultas está
inmersa en algún proceso estructurado de formación. Es como si en nuestra vida
laboral, de 22 a 65 años, tuviéramos un 30% de la misma-unos 15 años-
sincronizada o simultaneada con un objetivo concreto de mejora de la
cualificación profesional.  Y este
porcentaje ha de ir en aumento, quizás hasta el 50, y el 75% en un futuro no
muy lejano. Este proceso de formación puede que sea un curso de certificación,
una especialización en alguna técnica, un reciclaje con nuevas tecnologías, la
participación en un proyecto con carácter formativo, la participación en un
foro de nuevas prácticas en un sector, u otras fórmulas que no sean la clásica
asociación entre la formación y la clase tradicional. La nueva formación
continua de adultos debe considerarse desde ya como una necesidad en nuestra
sociedad, que demanda urgentemente de los sistemas laborales y de la formación
la suficiente innovación como para habilitar un nuevo repertorio de formas de
aprender que hagan posible compartir armónicamente el trabajo, la vida familiar
y social, el ocio y la formación. Deberemos disponer de forma continua de un
Plan Personal de Aprendizaje (PPA) y de una cartilla de recursos formativos de
los que disponer a lo largo de la vida.
Para la construcción de esta
nueva cultura y su correspondiente práctica legal debiéramos tener en cuenta
diez tendencias que alterarán profundamente lo que entendemos por formación
tratándose de adultos. La primera y fundamental es que la formación de adultos
sólo puede concebirse si se diseña y realiza teniendo al alumno adulto como
centro del proceso. Los adultos aprendemos reinterpretando nuestra propia
experiencia a la luz de nuevos principios y enfoques, que nos hagan
reconsiderar lo que pensemos y hacemos, para obtener un mejor resultado con el
cambio. Aprendemos si cambiamos algo que sabemos y hacemos, por algo nuevo más
eficaz. Un enfoque académico está abocado al fracaso. El adulto que aprende
aporta su experiencia de la cual no puede abstraerse. Es el material principal
sobre el que el profesor debe trabajar.
Este eje central del aprendizaje
del alumno adulto está acompañado por tres consecuencias directas de lo
anterior que son: la formación personalizada y cercana, el uso de las
tecnologías de la información, como recurso de transferencia constante de
información, y la continuidad en la duración del aprendizaje.

Significa todo ello, que la formación estará
necesariamente incrustada en la actividad laboral cotidiana y que los medios de
comunicación, la informática que conocemos y las tecnologías que vengan pueden
hacer posible ese marco de continuidad mediante la interacción continua con
otras personas y sistemas, para adquirir nuevas capacidades. Para esto es
necesario que los diseños de los nuevos espacios formativos sean creativos y
adecuados a las distintas situaciones laborales y personales que se producen a
lo largo de la vida. Las otras seis tendencias a considerar, que son también
nuevos requisitos para organizar la formación de adultos y se refieren a:

-Evaluar capacidades.-Cualquier
sistema de formación de adultos debe ofrecer las referencias necesarias para
que cada uno pueda elegir y orientar la formación que más le encaje en su
estilo de aprendizaje, conociendo siempre cuál es su posición de partida. No
estamos hablando de exámenes sino de sistemas de autoevaluación.
-Distintas y diversas formas de
aprender. Un cierto hipermercado de actividades de formación, que permitan a
instructores y alumnos combinar tareas para practicar, acertar,  equivocarse, 
aprender corrigiendo y consolidando habilidades. Los actuales medios de
comunicación deberán asimilar su papel en esta gran transformación social.
-Aprender resolviendo problemas
reales y próximos a cada individuo. La motivación por el conocimiento aplicado
a los problemas que afectan a cada persona, es la fuerza más potente para la
interiorización de nuevos esquemas en los adultos.
-Espacios de confianza donde
aprender. Aprender requiere modestia, en tanto que presupone que no se sabe.
Para el adulto representa manifestar inseguridad y una  imagen de debilidad frente a otros. Esta
limitación que no existe en los niños está muy instalada en los adultos, en
forma de miedo a la opinión de otros.
-Aprender de todos y con todos.
El sentido unidireccional del aprendizaje –profesor que forma alumnos de menor
nivel-  se superará por la participación
de diversos agentes de diferentes cualificaciones, orígenes  y conocimientos.
-La realidad y los proyectos
-donde se desarrolla algo nuevo-  serán
los espacios de aprendizaje de adultos. Las tecnologías de la información
posibilitan –en la mayoría de las ocasiones- 
construir espacios de simulación tan próximos a la realidad como
queramos. Hoy un 90% de los que trabajan en oficinas y un 25 de los que
trabajan en espacios abiertos lo hacen con ordenadores.
La formación de adultos es
sin  duda uno de los campos de acción y
de innovación más importantes en una sociedad que quiere progresar y mantener
los niveles de bienestar social y de calidad de vida, concepto –por cierto- que
tendrá que variar respecto a los parámetros vigentes. Sin duda requerimos un
cambio de mentalidad en los significados acuñados con el tiempo de lo que
llamamos formación, en relación con la calidad de vida, y más si cabe
tratándose de la formación continua y de adultos. Si nos sirve como ejemplo, en
esta explosión futura de los modos de aprender, puede que nos  ocurra lo acontecido en los sistemas de
comunicación. Hace 200 años la forma de comunicar entre personas distantes era
exclusivamente la correspondencia escrita, hace 50 se añadíó el teléfono fijo,
y hoy los móviles con texto, voz e imagen, el correo electrónico, la
videoconferencia,… diversifican y multiplican las modalidades comunicativas. La
comunicación a través de la tecnología ha desplegado nuevas formas de
expresión.

Y así deberá ser con la
formación, que aún considera los modelos formativos basados en las aulas como
los modos dominantes de diseñar y practicar la formación. La transformación y
el desarrollo de nuevos modos de formación, a los que estamos abocados, puede
empezar revisando a la luz de las diez tendencias citadas los cursos y módulos
de formación de que hoy disponen los adultos. Trabajar desde ahora en su
rediseño es un buen camino para ir construyendo este nuevo espacio de
formación, tan necesario hoy y mucho más en los próximos años. La formación
masiva de los adultos es la gran escolarización pendiente en nuestros días y
requiere de un cambio de mentalidad social para despertar en cada persona la
capacidad de aprender que llevamos dentro, y alimentar cada dia con los mejores
alimentos a ese gran amigo del futuro que es el conocimiento.  

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