La Postmodernidad ha muerto. ¡Viva la Neomodernidad!

“La postmodernidad ha muerto. Con la crisis termina el culto al caos, el individualismo y lo identitario”. Así empieza Fernando Vallespín (*) (en un artículo en El País, 23/11/2008) su prospectiva de una nueva sociedad que debe resurgir de la crisis financiera, económica y social en la que nos han precipitado. “Tengo para mí que la sociedad del futuro inmediato abandonará algunos de los rasgos más conspicuos de eso que hemos venido calificando como posmodernidad para volver a muchos de los de la anterior fase moderna sin que ello signifique un pleno retorno a ella. Será una novedosa y curiosa síntesis de presupuestos modernos bajo las condiciones objetivas de una sociedad global y mucho más compleja, una neomodernidad.Vaticina que “Valores como solidaridad, igualdad, autoridad, esfuerzo, responsabilidad, cotizarán al alza”, y “Un liderazgo acertado podrá, en todo caso, aprovechar la ocasión para desprenderse de los modelos fracasados y reconducir el orden social hacia un nuevo contrato social, un pacto social-democrático de nuevo cuño que sea capaz de trasladar la parroquial política estatal hacia una más decidida política de colaboración sintonizada a las dos dimensiones ya imprescindibles: la esfera transnacional y la cooperación con la sociedad civil”Termina su artículo diciendo: “Lo decisivo de esta vuelta a la modernidad que se atisba en el horizonte es el contenido de que vayamos a dotar a lo nuevo de la neomodernidad, la forma en la que seamos capaces de extraer las consecuencias oportunas de la experiencia histórica y la aprovechemos para innovar social y políticamente. Si se recupera la política el futuro estará siempre abierto”.

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(*)Fernando Vallespín es catedrático de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid.
¿Tenía Txomin Bereciartua, Fundador y Presidente de Honor de NSF, ya un presentimiento antes de que nos tocara de lleno esta crisis económica y social? En uno de sus escritos leí: “La Modernidad, nacida en el Renacimiento sufrió su crisis total en los campos de exterminio nazis, en los Gulag y en el Muro de Berlín, en los que se esfumaron las seguridades de la razón y los grandes relatos perdieron su autoridad. Le sucedió la Postmodernidad, cuyos reflejos son el fragmento, el vivir el momento sin pensar en más, la ruptura con normas, tradiciones, autoridades, religiones, sabios y elegidos, que nos digan cómo debemos ser y cómo porqué hemos de actuar. Se exalta el “Yo” y prima el interés de cada uno aunque choque con el del otro. Su filosofía es “tanto tengo, tanto soy”, su objetivo consumir todo aquello que los medios de comunicación le proponen.
Pero esta Postmodernidad, efímera por definición, va pasando entre crisis y desorientaciones y se va transformando en algo nuevo aún desconocido que viene emergiendo. Es que se está gestando un nuevo Paradigma, va naciendo un nuevo modo de pensar y vivir valores/comportamientos. ¿Cómo será? No lo sabemos, pero será un paso positivo hacia adelante en la marcha de la humanidad. Como no somos pesimistas ante los cambios, ni nos dejamos llevar por nostalgias de seguridades de tiempos pasados, creemos en la vida y sabemos que las crisis son consustanciales a ella y sólo subsisten y siguen adelante quienes las superan con nota aceptando el reto de construir con denuedo su futuro.

Lo que sí sabemos es que es clave que los protagonistas de estos nuevos tiempos sean personas con coraje y decisión para aceptar la tarea de desbrozar las marañas de inercias, prejuicios, miedos, egoísmo y falta de visión que actualmente lo cubren todo y profundizar en la cimentación de estructuras mentales, sociales, espirituales y organizativas nuevas. Y que, dejando de girar hacia atrás, miren hacia adelante, hacia la sociedad en que vivirán sus hijos y los hijos de sus hijos. Han de ser ciudadanos con estilo y con una aristocracia, y belleza interior que les convierte en referentes para cuantos tengan la suerte de vivir cerca de ellos.

Para ello, es indispensable complementar y mejorar los actuales valores/comportamientos postmodernos de los jóvenes, válidos ciertamente, pero peligrosos por sí solos. Son positivos, porque colocan como protagonista central del mundo a la “persona” y todo esfuerzo es poco para afirmarlo y potenciarlo. Pero eso conlleva un gran peligro, si se olvida que la realización total de la persona pasa por vivir como un ser en relación con los demás, con la naturaleza y con el mundo.

Por eso, hoy más que nunca es tarea primordial el ayudar a la juventud a adquirir y vivir valores/comportamientos en los que “los otros” y “lo otro” formen parte de sus vidas. Esa interiorización les ayudará a disipar las sombras de los momentos actuales y a encender las luces de los nuevos siendo “personas” que se encuentran a sí mismas y construyen nuevos tiempos porque saben vivir felices en comunidad siendo positivos en su entorno y miran con compasión activa el tercer y cuarto mundo y se comprometen activamente a favor de la paz, la justicia, la convivencia.

Es un sueño, es verdad, pero es nuestro sueño y estamos convencidos de que merece la pena trabajar por convertirlo en realidad.”

¿Por donde soplarán los vientos?

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