Europa, Nobel de la Paz, o la transmisión de valores democráticos

La Unión Europea acaba de recibir el Premio Nobel de la Paz en
Oslo. Y se lo han concedido por décadas de paz. A raíz de este acontecimiento
histórico se han escuchado muchas opiniones, pero aquí vamos a destacar las de
dos políticos experimentados: José Manuel Durao Barroso, presidente de la
Comisión Europea, y George Papandreu, ex primer ministro de Grecia.
 
Para Durao Barroso resulta tentador glosar la increíble reacción de
Europa, después de 1.945, como una historia de prosperidad y optimismo. La UE
fue para sus padres fundadores un proyecto de paz y entre los países de la
Unión no ha habido un solo conflicto armado desde 1.945. El comité del Nobel
valora también la transmisión de valores democráticos: la UE tuvo
y tiene un gran poder de atracción dentro y fuera de aquí. Para la generación
de Barroso, Europa fue un soplo de libertad en Portugal y en España. Tras caer
el Muro, decir Europa en el Este era
decir democracia, era perseguir ese modelo de economía social de mercado.
También ahora, cuando hay europeos que dudan en este momento crítico, es
interesante la mirada fresca que viene de fuera: llega el Nobel, gente como el
ex presidente de Brasil Lula dice que la UE es patrimonio de la humanidad y el G-20 entero
pide más unión a los europeos.
Entre los
intelectuales arrecian sin embargo las voces críticas: George Steiner alerta de
que la UE va a sacrificar a una generación, denuncia que Europa “apesta a
dinero”. ¿Falta impulso político? A Barroso le interesan las reflexiones de
gente como Jürgen Habermas o
Steiner, con esa atractiva idea con la que describe a Europa en uno de sus
últimos libros como un enorme café donde las gentes discuten, filosofan,
avanzan
.
 
La tentativa sadomasoquista de caer en un
discurso destructivo, donde cada intelectual supuestamente europeísta pretende
ser más brillante que el anterior ennegreciendo su análisis… Siempre hemos
tenido euroescépticos y eurófobos, xenófobos, nacionalistas extremos, todo tipo
de gentes dispuestas a ejercer esa eurohostilidad, dice Barroso. Si incluso los
intelectuales proeuropeos se apuntan a esa ola, el proyecto acabará teniendo
problemas de sostenibilidad política. Atravesamos dificultades, pero desde una
perspectiva histórica la UE tiene cada vez más sentido. Cada vez que Durao
Barroso lee a intelectuales como Tony Judt refuerza esa opinión: cuanto
más piensa en las consecuencias de una vuelta a la fragmentación, menos
atractivos le parecen esos guiones que supuran europesimismo. Contra la
tentación de desmontar está la intuición de los líderes europeos: a pesar de
todo, y aun cuando la Comisión hubiese preferido más audacia y más rapidez, las
decisiones que se han tomado han ido siempre hacia más integración y han
servido para corregir carencias del proyecto.
 
 
Respecto a la tan criticada falta de liderazgo,
y como experto que trabajó con la generación de los Kohl, Mitterrand y González, señala que en ese
momento éramos 12 y el año próximo seremos 28 socios. Se olvida que en esa
época los líderes también eran criticados: Jacques Delors suele contar que estuvo al borde de la
dimisión varias veces por el grado de obstinación de algunos de esos líderes.
Cuando analizamos la política a la luz del pasado surge una especie de
deformación óptica: el código de Hammurabi, hace casi 4.000 años, ya decía que
aquella generación “no era como las de antes”… Y no, no creo que la calidad de
los líderes de hoy sea generalmente peor. Solo es que los
gobiernos nacionalizan los éxitos y europeízan los fracasos. Y rechaza este glamour intelectual del pesimismo que se ha instalado en Europa y que no lleva a nada bueno.
 
 
Georgios Papandreou cree
firmemente que es nuestra responsabilidad romper ya este ciclo de
miedo y desconfianza
. Estamos infravalorando de forma increíble las
posibilidades como Unión. Nuestra capacidad de calmar a los mercados o crear
empleo. Necesitamos volver a creer en las grandes aptitudes de nuestros pueblos,
tanto del norte como del sur, del este y del oeste. Debemos reanimar el
espíritu que unía Europa en 1.989
, tras la caída del Muro de Berlín. De todos
son conocidas las dificultades que se afrontaron entonces, pero no se achicó
nadie. Se decidió invertir en el potencial que tenían Europa y sus pueblos. Y
hay mucho potencial dice Papandreu, ya sea oculto o sin explotar, en nuestros
jóvenes, nuestra experiencia, nuestra diversidad y nuestras culturas.
 
Tenemos que liberar y volver
a dinamizar el talento humano de Europa
. Para combatir un paro tan elevado es
preciso invertir en capital humano, en educación, investigación, crecimiento
sostenible y las infraestructuras que hacen posibles las energías verdes y una
sociedad del conocimiento. En nuestra carrera hacia la competitividad, estamos
emulando modelos que tienen poco que ver con nuestras tradiciones europeas.
Pero, si queremos crecer, no podemos correr hasta hundirnos del todo. Debemos
basar nuestra competitividad en la igualdad, no en la desigualdad.
 
Ambos políticos coinciden en que hay que apartar el miedo que nos atenaza y trabajar por una Europa más fuerte. Tenemos que elegir, dice Papandreu, o fortalecemos a Europa y sus ciudadanos y nos convertimos en un catalizador para humanizar nuestra economía global, o la globalización deshumanizará nuestras sociedades y debilitará el proyecto europeo. Como ciudadano de Europa, Papandreu vota por la primera opción.
La democracia y la educación darán una nueva
capacidad a los ciudadanos europeos
, y eso es lo que, a la hora de la verdad,
reforzará a Europa y consolidará su legitimidad en las sociedades miembros de
la Unión y en todo el mundo. Esa es nuestra gran esperanza. 

Un comentario

  1. El orígen de la Unión Europea nació en los años 1950 por acuerdos económicos y tuvo por otra parte otra unión económica como modelo, el BENELUX. Como bien dice Papandreu, esta unión económica se transformó decisivamente en una unión de ciudadanos cuando se derribó el muro de Berlin que separó miembros de una misma familia. Este espíritu ha flojeado y efectivamente es preciso reanimarlo. Para esto hay que estrechar lazos entre los ciudadanos de los distintos países. Y qué mejor que tener amigos personales alemanes, franceses, holandeses, belgas, portugueses, y otros, y también ingleses, aunque sea para que no se aislen en su isla, que ya tiene conexión por tierra a través del Eurotunel. Y que haya matrimonios entre europeos y europeas que se sienten unidos en lo importante aunque de vez en cuanto discutan por tonterías.

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