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Monarquía ¿pasado o presente?

El
cambio es la norma que rige nuestros días. Se intuía, pero su materialización
se ha producido al calor de las elecciones del pasado 25 de Mayo de 2014. El
impulso a la regeneración democrática parece haberse plasmado a partes iguales entre
la ciudadanía y las instituciones. Se han intensificado los discursos a favor
de ir dando paso al  relevo generacional. Esto es algo que está quedando claro: fuerte
ascenso electoral de la izquierda, relevo en la Secretaría General del PSOE
acompañado de una convocatoria de primarias y por último la abdicación de la
Corona a principios de Junio de este mismo año. Como afirma Joaquín Estefanía
en un reciente artículo: “Cambia, todo cambia”. Esta centenaria institución se
encuentra a las puertas de su mayor reto
desde la Transición
: legitimar su presencia y utilidad.
A lo largo de este post trataremos
de conocer la opinión de la sociedad y en particular la de la juventud acerca
de la monarquía, con el fin de realizar un mejor retrato del sentir de nuestra
ciudadanía. Para terminar, me gustaría dedicar un apartado acerca de la
posición de la monarquía respecto al empleo
juvenil
y algunas propuestas de innovación
social
.
Una encrucijada
histórica
Este
periodo histórico es especialmente complejo, el próximo monarca debe actuar en
diversos frentes abiertos. Según estadísticas del INE, la institución
monárquica obtiene una nota media de 7,48 en Diciembre de 1995, descendiendo
hasta un 3,72 en Abril de 2014. No obstante el futuro monarca goza de un índice
de aprobación cercano al 70% según la reciente encuesta realizada por
Sigma-Dos. Esto se debe según la propia encuesta, a su amplia formación y a su
imagen -cuidada con mimo- durante los últimos meses. En estas últimas fechas los
principales titulares de los  periódicos
de tirada nacional, lo han calificado como `Príncipe mejor preparado´ y han
afirmado que representa una `garantía de futuro´.
Se
prevé que el acto de proclamación y su discurso sean un fiel reflejo de las
líneas a seguir durante su reinado, en el que según parece, no habrá
referencias religiosas, y no se invitará al resto de casas reales de Europa. Esto
representa un claro intento por adaptar la institución al Siglo XXI. No son
pocos los retos a los que debe
enfrentarse su reinado, que según parece será una institución más moderna y
actualizada, una `monarquía 2.0´. Los más destacados son:
1)
Una monarquía que debería basarse, tal y como señala el periodista Jesús
Rodríguez, en la transparencia, la agilidad y en apostar por la presencia
de más mujeres en los altos cargos
de las empresas y organizaciones.
2)
La promesa del futuro monarca de defender la unidad incorporando a su vez la diversidad del país. Según los analistas la buena o mala gestión de
la unidad del país, marcará el devenir de la institución.
3)
Por último, la inoperancia de una parte de la clase política y la atención
mediática que generan algunos casos de corrupción, han hecho aflorar el
mencionado término de  “Segunda
Transición”. Según el prestigioso escritor y poeta José Manuel Caballero
Bonald, hemos llegado a un punto en el que “la regeneración del país es inaplazable”. Este sería el último de los
grandes retos que le esperan al futuro jefe del estado.
Es
de vital importancia no perder de vista el apoyo de una parte de la sociedad a
la celebración de un referéndum sobre el modelo de estado. Varias
manifestaciones han expresado la necesidad de una consulta en las últimas
semanas. La ciudadanía tiene multitud de inquietudes acerca de su  futuro, como se aprecia en un vídeo titulado “¿Qué le pides tú a Felipe VI?” en la versión digital de “El
País”. Una pregunta queda en el aire tras la exposición de diversos datos y los
principales retos, ¿la regeneración de la institución es suficiente o debe
desaparecer?
Por
eso, y por todo lo expuesto anteriormente me atrevo a plantear que nos
encontramos ante una encrucijada
histórica
que marcará el futuro del país: seguir con la monarquía apostando
por una “Segunda Transición” de la mano del futuro Rey o asumir el momento de
cambio, prescindiendo de  esta
institución.
Una apuesta por la
juventud
Según
una encuesta de Metroscopia publicada el 8 de Junio de 2014, los jóvenes de
entre 18 y 34 años, preguntados acerca del respeto que les merece el Príncipe
le otorgan una nota media de 6,9 sobre 10. Entre la juventud, se aprecia un
gran desencanto hacia las instituciones, de las que los jóvenes esperamos un
mayor compromiso para que se ponga freno a esta situación de desamparo. El empleo juvenil debe ser una garantía de
futuro para cualquier país próspero. Por eso, es una obligación reactivarlo y
fomentarlo a través de iniciativas reales y tangibles.
El futuro monarca apoyando el empleo juvenil. /NSF
Más allá de cómo se
resuelva esta encrucijada, Felipe VI tiene aquí una oportunidad de oro para demostrar
su interés por el empleo juvenil, por ejemplo apoyando a la reciente campaña
lanzada por Fundación Novia Salcedo: Pegasus. Campaña que apuesta
por declarar la “Década del Empleo Juvenil 2019-2028” para combatir el
desempleo juvenil. Un proyecto que tiene como objetivo “generar un movimiento internacional de reflexión, pensamiento, debate
y acción que aporte ideas, contenidos y soluciones consensuadas a la situación
de desempleo o empleo no decente en la que viven cientos de millones de jóvenes
en cientos de lugares en el mundo”.
Quizá el apoyo a este tipo de
iniciativas, pueda ser una vía para que el nuevo Rey legitime su papel en esta
sociedad -en pleno siglo XXI- y se acerque así a los problemas que inquietan a
la ciudadanía.

Un comentario

  1. He escuchado el discurso del nuevo rey Felipe VI, y debo decir que me ha gustado más que los discursos de muchos políticos. Una cosa es hablar y otra hacer, o poder hacer en este caso. Porque el "monarca" tiene las alas muy recortadas para volar. De él se espera ser un conciliador que pueda estar por encima de las disputas políticas. Que es capaz de convencer más que de mandar. ¿Es mejor tener un rey que tener un presidente de una república? Creo que las posturas "a priori" no son razonables, por carecer de razones. Hay repúblicas donde un presidente tiene una función que no difiere mucha de la que tiene un rey constitucional (Pocos conocen el nombre del Presidente de Alemania, pero a la señora Merkel la conocemos todos). Y de un presidente que ha sido elegido por el 51% de los votantes difícilmente se puede decir que es un presidente de todos los ciudadanos. Y hay presidentes que sí tienen poder, como en Francia. Pero todos sabemos como gran parte de los franceses no están satisfechos ni con el de la derecha (Sarkozy, además envuelto en algún escándalo) ni con el de la izquierda (Hollande cuya popularidad tampoco es de las mejores). Además que algunos tienen una vida privada bastante frívola, pero en Francia para muchos esto parece secundario. Antes de De Gaulle los presidentes franceses no tenían poder, y no funcionó porque las repúblicas caían una tras otra, por incompetencia.
    Al fin y al cabo, monarquía o república, ninguna funciona si las personas fallan en su responsabilidad de servicio a la sociedad, y se dedican a su propio ego o a algún sector o ideología política olvidándose de los otros. No entiendo porqué para un cristiano pueda existir una "derecha" o una "izquierda". El Cristo era más bien de "izquierdas", por defender a los marginados contra los que marginaban, pero no en el sentido político que se le da hoy a la "izquierda". Hay demasiado polarización política, que el nuevo rey podría ayudar a neutralizar.

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