Neurociencia: implicaciones para la educación y el “lifelong learning”

Continuación del artículo de Santiago Rivero sobre el proyecto “Brain waves”.
Hace unos días hacíamos referencia al Proyecto de la Royal Society, referente a las repercusiones que los conocimientos actuales de la neurociencia pueden tener en diversas áreas de la actividad social. Se indicó que el trabajo, que se ha ido publicando entre enero de 2011 y febrero de 2012, consta de las cuatro partes siguientes:
Neurociencia y la ley (módulo 4)

publicado en Diciembre 2011.

Por su especial relevancia en la educación y en la preparación para la vida de las personas de todas las edades, incluidos los jóvenes, se considera oportuna hacer una especial referencia al segundo módulo. Como se desprende de su título, se destaca en esta parte del trabajo el hecho de que el tiempo para el aprendizaje y la mejora de las capacidades y competencias no se constriñe a la etapa inicial de la vida, sino que puede prolongarse a lo largo de toda ésta. La idea del “Lifelong learning” no es elucubración, sino que tiene sólidos fundamentos científicos.
En la elaboración de esta parte del trabajo ha intervenido un grupo de prestigiosos científicos, presidido por la Prof. Uta Frith, FRS FBA FMedSci y Prof. Emérita del Institute of Cognitive Neuroscience del UCL.
Otros miembros que han participado en el equipo de trabajo son: Dorothy Bishop FBA FMedSci; Colin Blakemore FRS FMedSci; Sarah-Jayne Blakemore Prof. of Cognitive Neuroscience del UCL; Brian Butterworth Prof. of Cognitive Neuroscience del UCL; Usha Goswami, Directora del Centre for Neuroscience in Education,University of Cambridge; Paul Howard-Jones, Senior Lecturer in Education at the Graduate School of Education, University of Bristol; Diana Laurillard, Prof. of Learning with Digital Technologies, Institute of Education; Eleanor Maguire, Prof. of Cognitive Neuroscience, Institute of Neurology, UCL; Barbara J. Sahakian, Prof. of Clinical Neurosichology, Clinical Neuroscience Institute, University of Cambridge School of Clinical Medicine; Annette Smith FInsP, Chief Executive, Association.
De este estudio, a cuya versión completa se puede acceder a través de internet[1], se expone a continuación su resumen:
Resumen
La educación tiene que ver con la mejora del aprendizaje, al tiempo que la neurociencia se refiere a la comprensión de los procesos mentales relacionados con el aprendizaje. Existe, pues, un terreno común que lleva a imaginar un futuro en el que la práctica de la educación puede ser transformada por la ciencia, del mismo modo en que la medicina fue transformada por la ciencia hace un siglo. En este informe se contemplan algunas de las ideas clave que podrían conducir finalmente a dicha transformación.

  • La investigación en el campo de la neurociencia sugiere que los resultados del aprendizaje están determinados no solamente por el entorno; los factores biológicos juegan un importante papel a la hora de explicar las distintas capacidades de aprendizaje en diferentes individuos.
  • Mediante la toma en consideración de los factores biológicos la investigación ha permitido comprender ciertas dificultades específicas que afectan al aprendizaje, tales como la dislexia y la discalculia. Al mismo tiempo, la neurociencia está descubriendo por qué algunos tipos de aprendizaje son más gratificantes que otros.
  • El cerebro cambia constantemente como consecuencia del aprendizaje y permanece plástico durante toda la vida. La neurociencia ha puesto de manifiesto que el aprendizaje de una habilidad produce cambios en el cerebro, y que éstos revierten cuando cesa la práctica de dicha habilidad. Por tanto, el hecho de que “o lo usas o lo pierdes” constituye un principio fundamental del “lifelong learning”.
  • Nuestra respuesta adaptativa al estrés y a la adversidad, lo que se conoce como “resiliencia”, puede desarrollarse mediante la educación,con efectos a lo largo de toda la vida, hasta edades avanzadas.
  • Tanto la adquisición de conocimientos como el dominio del auto-control facilitan el aprendizaje futuro; la neurociencia juega un papel clave en la investigación de los medios para estimular las capacidades del cerebro.
  • Ciertas ideas procedentes del campo de la neurociencia son relevantes para el desarrollo y uso de de tecnologías digitales educativas de carácter adaptativo[2].

    Estas tecnologías conllevan el potencial de de ofrecer más oportunidades de aprendizaje, tanto en el aula como fuera de ella, y a lo largo de toda la vida. Esto es muy interesante por el efecto dinamizador que ello puede tener sobre aspectos como el bienestar, la salud, el empleo y la economía.

  • Hay un gran interés público por la neurociencia, pero la información accesible de alta calidad es escasa. Insistimos en que hay que ser cautos y no precipitarse a la hora de aplicar los llamados “métodos basados en el cerebro”. Aunque existen interesantes desarrollos en el campo de la ciencia básica, sus aplicaciones prácticas están todavía algo lejos.
  • El campo emergente de la “neurociencia educativa” presenta tanto oportunidades como riesgos, en lo que se refiere a la educación. Un aspecto interesante es que proporciona medios para desarrollar un lenguaje común y tiende puentes para salvar el abismo existente entre educadores, psicólogos y neurocientíficos.

Del estudio se desprende que el dinámico proceso de desarrollo de la neurociencia continuará produciendo hallazgos que, bien utilizados, servirán para la puesta a punto de técnicas y procedimientos para abordar de forma más eficiente el desarrollo de las capacidades mentales de las personas de todas las edades. Un motivo de esperanza y optimismo es que, dada la magnitud del esfuerzo investigador en esta materia, la neurociencia continuará siendo prolífica en nuevos descubrimientos; ahora bien, como se advierte en el estudio, es necesario mantener una actitud cautelosa frente a posibles sobrevaloraciones de las aplicaciones de los resultados de la ciencia, cometidas por profesionales que tal vez obren de buena fe, aunque con un exceso de entusiasmo, y de otros en los que la buena fe esté suplantada por el oportunismo. Está claro que es el momento de abordar estas cuestiones con seriedad, lo cual irá redundando en evidentes beneficios; pero hay que resistir la tentación de comportarse en algún momento como “vendedores de crecepelo”.

Recomendaciones
Al final del documento se incluye un apartado de Recomendaciones, que no solamente se plantean pensando en la alfabetización y la familiarización con los números de la población infantil, sino también en los adolescentes que abordan el estudio de una carrera y en los adultos que contribuyen al sostenimiento de las economía mediante el uso de sus capacidades para ejecutar su trabajo, así como en las personas mayores interesadas en el mantenimiento de sus capacidades o en la adquisición de otras nuevas. La neuroeducación puede inspirar las políticas educativas dirigidas a todas las edades.
Recomendación 1. Fortalecimiento de las bases científicas de la educación
La neurociencia debe utilizarse como una herramienta de apoyo para la adopción de las políticas educativas.
Las evidencias proporcionadas por la neurociencia deben utilizarse para la evaluación de las diferentes opciones de políticas educativas y de su impacto. Similarmente, debería utilizarse también en otras áreas, tales como la salud y el empleo.
Se recomienda también el refuerzo de los contactos y relaciones internas entre los investigadores, así como las de los investigadores con los distintos agentes de la comunidad de educadores con el fin de lograr una mejor comprensión de las implicaciones de la neurociencia en la educación.
Igualmente se considera importante establecer un sistema de relaciones cruzadas entre diversos organismos de la administración pública.
Recomendación 2. Formación del profesorado y subsiguiente desarrollo profesional, informado todo ello por la neurociencia.
Los hallazgos de la neurociencia que permiten caracterizar los distintos procesos de aprendizaje pueden servir para reforzar la experiencia que tienen los profesores, referente al modo en que aprenden las personas. Estos hallazgos pueden informar acerca de enfoques alternativos de enseñanza, dirigidos a la adquisición de diferentes tipos de habilidades.
La formación del profesorado y su formación profesional permanente deben incluir elementos de la neurociencia que tengan que ver con la educación, en particular en relación con las Necesidades Educativas Especiales.
Los profesores dedicados a las Necesidades Educativas Especiales (en todas las edades) deberían conocer los fundamentos de ciertas dificultades del aprendizaje, como la dislexia o la discalculia, o los de los problemas derivados del Desorden de Déficit de Atención por Hiperactividad.
Recomendación 3. Información y orientación a los desarrollos de soluciones tecnológicas para el aprendizaje y el entrenamiento cognitivo, adaptables a las necesidades del alumno.
Las nuevas tecnologías educativas ofrecen oportunidades para el aprendizaje personalizado, las cuales el sistema educativo no puede permitirse a través de otras vías. Pueden ofrecer asimismo oportunidades de aprendizaje fuera del aula, facilitando el acceso a la enseñanza a aquellos estudiantes actualmente excluidos de la oferta educativa en la edad adulta. Ciertos hallazgos de la neurociencia, por ejemplo el modo en que el cerebro se beneficia del ejercicio, o cómo entiende las cuestiones numéricas, pueden ayudar a informar el desarrollo de las tecnologías educativas. Con este fin, deben reforzarse las conexiones entre los neurocientíficos y las industrias de las tecnologías digitales.
Resumiendo, la Recomendación 3 plantea que la neurociencia debería informar a las tecnologías para el aprendizaje adaptativo, ya que puede prestar valiosas contribuciones a las mismas. Se debería promover el intercambio de conocimientos y la colaboración entre quienes se dedican a la investigación básica, los profesionales de la enseñanza de primera línea y el sector privado, con objeto de informar y evaluar con sentido crítico el impacto y el desarrollo de las nuevas tecnologías.
Recomendación 4. Construcción de puentes y aumento del conocimiento de la neurociencia.
Existe un creciente bagaje de evidencias proporcionadas por la neurociencia que es relevante para la educación. Sin embargo, puede ser difícil para algunos conseguir y evaluar la correspondiente información. Con frecuencia, los hallazgos de la neurociencia son malinterpretados y aplicados fuera de contexto. Por ello, se requiere un diálogo permanente entre los científicos (incluyendo los neurocientíficos, los psicólogos de la cognición y los sociólogos) y el frente avanzado de los profesionales de la educación dirigida a todas las edades, junto con los responsables de las políticas públicas. Ya se ha iniciado el establecimiento de puentes entre estos colectivos (en el ámbito del Reino Unido).
Se requiere una red de intercambio de conocimientos para interconectar las distintas disciplinas, incluyendo un foro en la web, monitorizado de modo profesional, que permita una realimentación regular entre profesionales y científicos, asegurando que la investigación se discute, evalúa y aplica eficientemente, con un carácter crítico. También se podría facilitar al público general una información de gran calidad acerca de la neurociencia, utilizando como vehículo un foro en la web.
El público se podría beneficiar del conocimiento de los cambios que se producen en sus cerebros, y cómo ello afecta a sus propios procesos de aprendizaje.
Como puede verse, las recomendaciones finales se centran en lo esencial, evitando caer en la tentación de proponer una extensa lista de medidas, que disipen la atención que debe centrarse en las de mayor impacto.
Varias de las medidas recomendadas podrían ser puestas en práctica en nuestro entorno sin mayor dificultad, siempre que las Administraciones Públicas fuesen suficientemente sensibles a estas cuestiones. Por ejemplo, en lo que respecta a la formación del profesorado en temas relativos a la aplicación de la neurociencia a la educación, podrían adoptarse programas ya existentes en determinadas universidades de prestigio (como algunas del Reino Unido y Estados Unidos).

Igualmente, en lo referente a la información a los responsables de políticas públicas educativas se podrían asumir modelos que ya se aplican en otros lugares. En cuanto a la participación en foros de discusión e intercambio de conocimientos, lo más sencillo podría ser la incorporación a algunos de los ya existentes o a algunas de las asociaciones cuyos intereses se centran en estas cuestiones.

Una última observación es que el estudio constituye una llamada de atención sobre un tema de interés crucial.

Sucede con frecuencia que medidas cuyo gran interés se detecta y se publica en un momento dado, no reciben la atención que debieran y no se ponen en práctica hasta mucho más tarde, perdiendo así un tiempo precioso. Sería lamentable que dicha historia se repitiese, esta vez en el ámbito que ya empieza a conocerse como “neuroeducación”.

[2]
Se entiende por tales aquellas que se adaptan a las necesidades y circunstancias de cada alumno.

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