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Prevenir una crisis mayor del empleo

Recién hemos tenido acceso al último informe sobre las tendencias Mundiales del Empleo (2012) de la Organización Internacional del Trabajo, cuyo mensaje este año se centra en “Prevenir una crisis mayor del empleo”. Según la OIT para generar un crecimiento sostenible y al mismo tiempo mantener la cohesión social, el mundo debe asumir el desafío urgente de crear 600 millones de puestos de trabajo productivos en el próximo decenio. Pero incluso logrando este objetivo aún quedarán 900 millones de trabajadores (y sus familias) viviendo con unos ingresos inferiores al umbral de pobreza de los 2 dólares/día.

La OIT siempre ha mostrado una preocupación especial por las personas jóvenes y su situación laboral (de hecho estamos a las espera de su informe sobre tendencias del empleo juvenil 2012) y en este documento nos recuerdan que en el 2011 74,8 millones de jóvenes en edades comprendidas entre los 15 y los 24 años estaban desempleados, lo que implicaba 4 millones más que en el año 2007.

Los jóvenes tienen casi tres veces más probabilidades de estar desempleados que los adultos.

Además, ya que se prevé que el número y la proporción de jóvenes no cambien en 2012, y que la proporción de jóvenes que se retiran por completo del mercado de trabajo (inactividad) sigue aumentando, hay pocas esperanzas de una mejora sustancial del panorama laboral de los jóvenes a corto plazo en la situación actual.

¿Cuáles son las propuestas de intervención que nos hace la OIT?


Nuevas actividades económicas: En gran parte del mundo en desarrollo, el aumento de la productividad exigirá una transformación estructural acelerada, esto es, cambiar a actividades de mayor valor añadido.

Mayor apuesta social: Para conseguir un desarrollo de base amplia cimentado en una distribución justa de los beneficios económicos es preciso mejorar más la educación y el desarrollo de las calificaciones; aplicar regímenes de protección social adecuados, que aseguren un nivel de vida elemental para los más vulnerables; y un mayor diálogo entre los trabajadores, los empleadores y los gobiernos.

Regulación del sistema financiero: Las burbujas especulativas en el sector inmobiliario y el precio de los activos previos a la crisis provocaron sustanciales desajustes entre sectores, que es preciso solucionar. Una reparación y regulación más sustancial del sistema financiero restablecería la credibilidad y la confianza, y permitiría que los bancos superaran el riesgo crediticio que ha signado esta crisis. Todas las empresas se verían beneficiadas; sobre todo, las PYME, que no sólo necesitan más el crédito, sino que además son las que terminan creando el 70 por ciento de los puestos de trabajo.

Apuesta por la economía real: La desaceleración de la actividad económica mundial y el empeoramiento de las finanzas públicas se han caracterizado por el titubeante crecimiento del empleo y la consiguiente debilidad del crecimiento de las rentas del trabajo. A la OIT le preocupa en particular que, pese a la adopción de conjuntos de medidas de estímulo, esas medidas no hayan logrado recortar el aumento de 27 millones de desempleados provocados por la crisis.

En resumen, este informe de la OIT evidencia que las medidas de política no han sido acertadas y que es preciso revaluar su utilidad. Por otra parte tanto las políticas activas como las políticas pasivas han demostrado su eficacia para estimular la creación de empleo y apoyar los ingresos. Entre estas políticas nos encontraríamos con un amplio abanico que va desde la duración de las prestaciones de desempleo y los programas de trabajo compartido, la revaluación del salario mínimo y las subvenciones salariales, hasta el fortalecimiento de los servicios públicos de empleo, los programas de obras públicas y los incentivos al espíritu emprendedor.

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