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Dormir y ejercicio físico para aprender

Seguimos con los consejos de Nieves Maya para mejorar la capacidad de aprendizaje.

DORMIR PARA APRENDER

La naturaleza ha puesto en el sueño algo biológicamente importante e imprescindible: el sueño es necesario para vivir. Pero además, entre muchas de sus funciones hay una muy importante para la educación: la de la consolidación de los procesos de aprendizaje y memoria.

El sueño es un estado de la conciencia en el que el cerebro se comporta de forma distinta que en la vigilia. Durante el sueño existen dos tipos principales de estado cerebral: el sueño de ondas lentas, en el cual los músculos no están paralizados pero la actividad cerebral es menor que cuando estamos despiertos y el sueño REM (Rapid Eye Movement) en el cual los músculos del cuerpo se encuentran paralizados, excepto los ojos y es cuando se sueña más (el cerebro está tan activo como cuando estamos despiertos).

Estos dos tipos de sueño se alternan varias veces durante la noche, de forma cíclica, cada 90 minutos aproximadamente.

Incipientes estudios científicos han confirmado la influencia del sueño en el aprendizaje, comprensión y memoria. Durante el sueño se reactivan las regiones utilizadas para llevar a cabo funciones cerebrales durante la vigilia, y esto permite que tenga lugar la consolidación del aprendizaje (mantiene determinadas sinapsis, elimina otras, refuerza conexiones de áreas corticales y procesos cognitivos, especialmente los relacionados con la memoria). Además de esto, durante el sueño las neuronas se regeneran en el hipocampo, lo que es, sin duda, beneficioso para todas las funciones cerebrales.

El aprendizaje necesita tiempo y reposo para que su huella se imprima en el cerebro y nada mejor que un buen sueño para lograrlo con eficacia y eficiencia.

Tenemos que tener en cuenta que, por término medio, los adultos han de dormir entre siete y nueve horas y los niños pueden llegar a necesitar hasta 16-18, si son bebés. En este intervalo se encuentran el número de horas que se recomienda dormir a cada edad: alrededor de once horas hasta los seis años, unas diez horas hasta los doce años. El sueño en la preadolescencia y adolescencia suele retrasar su aparición (por cambios bioquímicos), pero es recomendable dormir, al menos, nueve horas.

En conclusión, unos buenos hábitos de sueño y dormir las horas recomendadas pueden tener efectos muy positivos en el aprendizaje, ya que ayudan a consolidar los conceptos aprendidos y se regeneran neuronas necesarias para seguir comprendiendo y entendiendo el medio que nos rodea, a la mañana siguiente.

EJERCICIO FÍSICO PARA APRENDER


Recientes investigaciones indican que el ejercicio es beneficioso para mejorar la función cerebral y el estado de ánimo e incrementar el aprendizaje.


Al incrementar la capacidad de los glóbulos para absorber el oxígeno, el ejercicio mejora las funciones muscular, pulmonar, cardiaca, y también la cerebral.

El oxígeno es un elemento de vital importancia en el funcionamiento del cerebro, y por lo tanto, para el aprendizaje y la memoria. El oxígeno es trasportado por la sangre y si se ve potenciado por el ejercicio físico se pueden aumentar las capacidades del cerebro y promover la neuroplasticidad, además de ayudar a evitar estrés.

Sería adecuado que la educación física en las aulas contara con más apoyo por parte de las administraciones educativas. Pero independientemente de esta realidad, los educadores (padres y profesionales de la educación) deberíamos procurar que el ejercicio físico acompañe todos y cada uno de los procesos de aprendizaje, puesto que es una garantía de que se realicen mejor.

Esta pauta de actuación se podría extrapolar a cualquier aprendizaje y a cualquier edad: tras una sesión de aprendizaje, es conveniente dedicar unos minutos al ejercicio físico (no tiene porqué ser una clase guiada de educación física, basta con llevar a cabo movimientos que supongan una determinada actividad motriz).

Además, el ejercicio físico resulta a su vez beneficioso para la socialización y control de las emociones e incluso, como se ha demostrado en numerosos estudios, puede ayudar a reducir el nivel de agresividad y la depresión en las personas (también a lo largo de toda la vida).

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