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El modelo de Europa: «Caminante no hay camino, se hace camino al andar» (II)

Esta célebre frase del poeta
Antonio Machado encaja a la perfección a la hora de explicar el proceso de construcción
de la Unión Europea. A continuación, cumpliremos con lo prometido en el primer post,  profundizando en su proceso de elaboración y volveremos
a dedicar un espacio a los jóvenes.
En primer lugar, el Tratado
de Roma firmado en 1957, es un pacto sin el cual no se entiende la propia Unión
Europea. Fue una de las piedras angulares de este proyecto que pretendía traspasar
las fronteras nacionales. El acuerdo consistió en una unión meramente económica
entre Francia, Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Italia y la República Federal
Alemana -en la órbita occidental-. Este tratado supuso un gran impulso para el viejo continente y materializó el
sueño de Konrad Adenauer y Robert Schuman sentando las bases de una Europa
unida y cooperativa. Cabe destacar que este compromiso sólo planteaba lazos netamente económicos, dejando de lado aspectos como la unión política, identidad
europea, ayudas sociales…
Fase de desarrollo
Tras el Tratado de Roma, se
abre una etapa de lento desarrollo que culmina con la aprobación del  Tratado de Maastricht (1992). Entre los Estados miembros van acercando posturas, llegando incluso a atravesar ciertos momentos tensión. En la
década de los 60, se crea la PAC (Política Agraria Europea) un acuerdo en
materia agraria y, se aprueba la Carta Social Europea, una de las primeras iniciativas para la defensa de los derechos socio-laborales: remuneración del
trabajo,  la baja por maternidad… De
esta manera, el espíritu de la Declaración Schuman va tomando forma y confirma una
de las afirmaciones de Ortega y Gasset: «El europeo no puede vivir a no ser que se embarque en una empresa
unificadora»,  tal y como se menciona en European Youth Event2014.
A pesar de estos avances
durante la década de los 70, se sufrió la llamada “euro-esclerosis” un periodo derivado de la Crisis del Petróleo. Los países exportadores
de petróleo (OPEP) subieron los precios del crudo afectando a los países de
medio continente. Europa ha ido sorteando y
saliendo adelante de diferentes aprietos, por eso nosotros -los jóvenes- no
debemos dejarnos influir por este panorama desolador que está desplazando el sueño de las nuevas generaciones.
Esta segunda fase, continúa
con el Acta Única Europea (AUE) rubricada en el año 1986. En primer lugar el AUE, es el primer tratado que modifica el de Roma, y su denominación
pasa de Comunidad Económica Europea a Comunidad Europea. Este cambio implica
extender la cooperación económica a otras áreas, como la social o la política.
Se empieza a trabajar en Europa como un proyecto político único y crear su propia identidad. Como
hemos comprobado a lo largo de las entradas, Europa va adquiriendo mayores competencias cada año. Esta mayor capacidad de influencia, se materializa con la firma del tratado de Maastricht en
1992, que establece la creación de la ciudadanía Europea y la instauración de
una moneda única, el euro. Estos dos tratados (AUE y Maastricht),
considerados dos hitos según la propia de la UE, reflejan el
fortalecimiento y las intenciones de la Unión Europea.

Queremos ser presente
Maastricht comienza a
sentar las bases de la actual Europa: que cada vez adquiere más peso y poder. Por
eso, los jóvenes, debemos percibir que nuestros intereses no se encuentran en Madrid -que también- como ha venido sucediendo, sino que las políticas para impulsar a los jóvenes y los problemas que nos afectan como tal, emanan en los últimos tiempos desde Bruselas y, eso es un dato que debemos de tener presente no sólo en las próximas elecciones europeas, también en el día a día para tener una mejor perspectiva de lo que puede ser Europa.
Representamos
el futuro y el motor del continente para afrontar con garantías los nuevos
desafíos que se avecinan. En una Europa cada vez más envejecida, donde las nuevas generaciones tendremos que sostener todo un sistema de pensiones. Esta generación, la mejor preparada,
está pidiendo paso, y sentimos que la puerta está cerrada cada vez que la
tocamos. Esto significa fuga de capital humano, y no hay nada más desolador que
invertir en la educación de una persona, para después echarla sin aprovechar su
potencial o simplemente que otras naciones indirectamente se beneficien de la situación. La inversión que el estado ha hecho en nuestra educación ha sido grande
y nosotros los jóvenes, queremos devolver todo ese esfuerzo invertido,
con nuevas aportaciones al mundo laboral y a este ilusionante proyecto llamado
Europa.
Así lo hemos comprobado en
el reciente encuentro European Youth Event 2014 
que ha tenido lugar en Estrasburgo donde más de 5.000 jóvenes han participado poniendo
de manifiesto sus necesidades e inquietudes. Estamos en un punto en el que pedimos a Europa que nos
apoye, que haga uso del excelente capital humano del que dispone, y que no se
puede permitir el lujo de perder.
Más de la mitad -1 de 2- de los jóvenes no encuentra trabajo en España, y los que lo tienen apenas si llegan a los 1.000 euros. ¿Acaso ahora los jóvenes tenemos que conformarnos con ser mileuristas? Parece que los jóvenes en los últimos tiempos, nos ponemos de acuerdo únicamente para quejarnos de nuestra situación y, parece, que cada uno aboga por escoger unos derroteros sin percatarse de que sólo dando una sola voz a nuestros problemas podremos comenzar a remar todos en la misma dirección. Por eso, desde la Fundación Novia Salcedo queremos unir a todos esos jóvenes bajo un mismo techo, el Proyecto Pegasus. La unión hace la fuerza y ahora más que nunca los jóvenes necesitamos proyectos de este cariz, dando cabida a toda una nueva generación. Porque no sólo servimos para que nos mencionen en los
discursos, nosotros somos -sin duda alguna- el futuro pero, todo ello pasa porque nos dejen ser parte del presente.
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