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¿Hay actores capaces de oponerse a las consecuencias de la crisis en Europa? (I)

Hace unos días la directora de la
Fundación Novia Salcedo (NSF) y varios miembros de su equipo de Investigación Social
tuvimos el privilegio de asistir a una conferencia del sociólogo y economista
francés, Alain Touraine*. Ikerbasque organizó la velada en la sala de
conferencias del Museo Guggenheim de Bilbao, de cuya presentación se ocupó uno
de los buenos amigos de NSF, el filósofo Daniel Innerarity.

 
El tema era realmente atractivo
por su actualidad. ¿Hay actores capaces de oponerse a las consecuencias de las
crisis en Europa? Alain Touraine dejó clara su postura. Cree firmemente que los
actores principales serán a partir de ahora las mujeres, porque defienden una
visión despolarizada e integradora de la sociedad. Una sociedad basada en
principios éticos universales: igualdad, solidaridad y libertad. Cuerpo y
espíritu.
Pero vamos a explicar con detalle el desarrollo de la conferencia,
porque Touraine piensa que la crisis no está bien explicada.

Su exposición comienza señalando
que estamos acostumbrados a vivir en sociedades históricas que se definen por
su capacidad de transformarse, de crear cambios constantes en nuestros sistemas
sociales que no son sino vínculos entre recursos, valores, normas e
instituciones. Cambios que modifican la experiencia individual y colectiva. El llamado
movimiento historicista considera toda la realidad como producto del devenir histórico.
Porque el carácter dinámico de las sociedades destaca la importancia de la
dimensión histórica y ahora estamos viviendo la transformación más rápida de
los tiempos modernos. Ahora constatamos por primera vez en nuestra historia un
fenómeno increíble: la mayor parte de los recursos capitales disponibles no son
utilizados para iniciativas económicas.

Ya hubo movimientos especulativos
en otros momentos de la historia (la construcción de los canales de Suez y
Panamá fueron un ejemplo de especulación global), pero nunca la mayoría de los
capitales se habían utilizado para un fin no productivo como en la actualidad.
Por primera vez el uso de los capitales no puede ser controlado por nadie, ni
nacional, ni internacional, ni de centros de decisiones financieras ni
políticas; porque la mayor parte de los recursos financieros no son para
iniciativas de uso productivo. Esta es una situación de enorme trascendencia. El
mundo de las finanzas está integrado globalmente pero no hay un gobierno
mundial. Ninguna institución puede decir sí o no, y, entretanto, los capitales
han dado diez vueltas al mundo. El capital ya no tiene que ver con
consideraciones morales, el dinero no tiene ya nada que ver con los recursos
culturales y los valores. Esto es una ruptura. ¿Qué pasa, entonces, si no hay
comunicación entre recursos materiales y valores culturales?, pues que no hay
más vida social. La afirmación de Alain Touraine es contundente. No hay un
poder mundial, no hay más sociedad. Porque las categorías sociales están ya
vacías: la ciudad, la democracia, la escuela… La democracia, por ejemplo, ya carece de sentido esta palabra, hay que cambiarla. Y es que en el mundo hay muchas
complejidades, todas las instituciones son indispensables, pero confusas… Nadie
sabe a qué atenerse.
Llegado a este punto, Touraine
plantea la siguiente hipótesis de trabajo.
Lo que vivimos no es una crisis
económica, es el fin de las sociedades. Ya no hay más. Estamos viviendo en un
mundo deshecho, de ruina de las sociedades. Somos conscientes de que lo que
seguimos diciendo a diario no tiene sentido. Ya no hay más actores sociales.
Hay un proceso de debilitamiento de éstos, y el caso más destacable es el de la
empresa. Durante siglos hemos vivido la empresa como un grupo humano con
ciertas funciones. Un grupo humano que fue el actor central de moda hace 40
años, pero ahora está dominado por otro concepto: el mercado. Y el mercado no
es una unidad social. En la actualidad, ha disminuido la importancia de muchos actores:
los sindicatos en Europa no tienen la importancia que tenían en el mundo
industrial, tampoco la tienen en China. De igual forma ha disminuido la
importancia de los partidos políticos, de la democracia representativa. Son por
el contrario la democracia participativa y la democracia deliberativa las que
se defienden en muchas partes del mundo.
Entonces, ¿quién puede crear algo
social nuevo? Seguramente no los actores sociales, en opinión de Touraine. Porque
hay actores, efectivamente, pero no son actores sociales. Un dictador puede
cambiar la economía de su país, es un actor real pero no social (su poder no
está basado en leyes, procesos, etc…) Los actores no sociales son un conjunto
de poderes no legales: la violencia, el crimen, el chantaje, la violación de
los derechos humanos o de las personas son varios ejemplos. Hay actores que no son ni
actores sociales, ni dictadores, ni narcotraficantes, pero no son actores
éticos que transforman principios éticos en programas de acción o iniciativas
políticas. Y esa es la clave. En Europa hemos sido pioneros en la
idea de los derechos humanos universales. Ahí está la Declaración Universal de
Derechos Humanos adoptada por la ONU en 1948. Y tenemos la hipótesis de que hay
una solución posible, que sería la de un mundo organizado alrededor de un
centro social. Porque hemos caído en la cuenta de que somos capaces de
destruirnos (bomba atómica, totalitarismos, emisiones de gases…) y de que
vivimos de una manera no social. Hay un riesgo vital orgánico de muerte de toda
la humanidad. Estamos jugando con nuestra vida y nuestros derechos, a partir de
la ignorancia que significa la desaparición de los actores sociales. Como escribió
Hannah Arendt, el ser humano tiene el
derecho de tener derechos
. Los derechos, en consecuencia, deben estar por encima de las
leyes, lo ético debe estar por encima de lo social.
*Alain Touraine es uno de los más influyentes
sociólogos e intelectuales contemporáneos, autor de varias decenas de libros
traducidos a numerosas lenguas y, en particular, creador del concepto “sociedad
postindustrial” con su libro del mismo título de 1969. Siempre vinculado a la
prestigiosa École des Hautes Études en Sciences Sociales, uno de sus
principales intereses en su carrera han sido los movimientos sociales, desde
Latinoamérica y Polonia hasta Mayo del 68 Francés. Fue galardonado en 2010 con el Premio Príncipe de Asturias
de Comunicación y Humanidades junto a Zygmunt Bauman.
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