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La gran alianza de las civilizaciones se construye a pie de calle

En la 59ª Asamblea General de la ONU, el 21 de septiembre de 2004,
el entonces presidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero propuso la creación de una Alianza de Civilizaciones que se convirtió en un programa
de las Naciones Unidas el 26
de abril de 2007. En su discurso
Zapatero dijo: La seguridad y la paz solo se extenderán con
la fuerza de las Naciones Unidas, la fuerza de la legalidad internacional, la
fuerza de los derechos humanos, la fuerza de la democracia, de los hombres
sometidos a las leyes, de la igualdad, de la igualdad de las mujeres y los
hombres, de la igualdad en las oportunidades se nazca donde se nazca. La fuerza
frente a quienes manipulan o quieren imponer cualquier religión o creencia. La
fuerza de la educación y la cultura. La cultura es siempre paz. Consigamos que
la percepción del otro este teñida de respeto. La fuerza del diálogo entre los
pueblos.”

Posteriormente se creó el
llamado el Grupo de Amigos en torno a la Alianza de
Civilizaciones compuesto en este momento por algo más de cien países y
organizaciones internacionales que participan de alguna forma en el proyecto.
La Alianza organiza un foro anual, conferencias, seminarios, cursos, paneles y
debates a escala internacional. Sin embargo, en España la iniciativa del jefe
de gobierno fue duramente criticada por la oposición, y por muchos recibida con
escepticismo.

Pero, ¿esta
organización a alto nivel y a escala global con un gran coste económico, a
pesar de ser positiva, es lo más eficaz para que “Consigamos
que la percepción del otro este teñida de respeto. La fuerza del diálogo entre
los pueblos”
, como dijo Zapatero? ¿Cómo
se consigue esto en la práctica? ¿Cómo se consiguen resultados concretos y
palpables?

A
la Asociación
Agiantza
se le ocurrió ponerlo en práctica a pie de calle, a nivel de
barrio de una ciudad, en Bilbao la Vieja, concretamente en la calle San
Francisco
y alrededores. Esta ONG bilbaína, fundada en 1991, se ocupaba hasta
ahora de acoger a los drogodependientes, después también a la acogida de
mujeres, en pisos de acogida, etc. con el objetivo de facilitar la inserción
laboral de personas más desfavorecidas, desde una perspectiva integradora y
ecológica. Ahora, hace poco, ante el hecho de que en una ciudad como Bilbao
viven en un mismo barrio personas con confesiones religiosas muy distintas, tomaron
la iniciativa inédita de reunir a los representantes de todas ellas en el
Centro Cívico de la plaza Corazón de María, para tratar de buscar juntos soluciones
a los problemas del barrio. Allí se juntaban en unos seminarios católicos, budistas,
evangélicos, y musulmanes del barrio.

Agiantza – Ibiltokia San
Francisco
from Josu Garro on Vimeo.

El
periódico El
Correo
dedicó un artículo a esta iniciativa y habló con Blanca Díez,
coordinadora de los seminarios, quien admitió que “No fue fácil agruparles y algunas confesiones se negaron a participar”,
pero que “Sin embargo, la desconfianza
fue dando paso a la expectación y el boca a boca hizo el resto”
Los
asistentes tuvieron que aceptar unas normas de juego basadas en el respeto, la
igualdad, el consenso, la cooperación y el no proselitismo. “Queríamos saber si las religiones podían
aportar algo. No pretendíamos confrontar teologías, sino ver qué visión tenía
cada una de ellas de la realidad social del barrio”
añadió Bernart Baltza,
director de Agiantza. Total, que fue un éxito porque “todos querían lo mismo”. El
intercambio de ideas llegó hasta tal punto, que los participantes acabaron
compartiendo correos electrónicos con información sobre iniciativas que habían
dado resultado en su comunidad. Según Blanca Díaz, una de las conclusiones más
importantes a las que se llegó fue que “junto
a la pobreza económica convive en la sociedad una cada vez mayor pobreza
espiritual.”
Las
experiencias de este proyecto piloto han sido recogidas en un libro titulado ‘Bilbao Múltiple’.
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