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La política de la maternidad en Bélgica… (¿Y en otros países?)

(Traducción de extractos de un artículo en inglés de la periodista belga Sabine Clappaert en la revista Flanders Today del 21 de abril de 2010)
A pesar de los cambios radicales en el equilibrio de género y en las responsabilidades de cuidado de niños, en el Parlamento (Belga) sigue lo de siempre.
(Fuente: Flanders Today)
Como cualquier madre que trabaja se lo dirá, combinar el trabajo con la educación de los niños no es fácil. En una sociedad en la que tradicionalmente recae sobre la madre el proveer o tomar decisiones sobre el cuidado de niños, se necesita una planificación cuidadosa, malabares complejos y sacrificios personales. Los conceptos de «maternidad» y «exitosa carrera» siguen siendo excluyentes entre sí para muchas mujeres que son incapaces de encontrar el equilibrio que les permite ir por la vida cumpliendo en ambas áreas.


Que la maternidad y la carrera puedan ser combinadas con éxito, sigue siendo una cuestión polémica que ha creado una fuente inagotable de culpa en un creciente número de madres trabajadoras en occidente, que están ganando cada vez más posiciones de alto poder.

«Mujeres con carrera hacen malas madres», exclamó un cartel pegado en los autobuses de Londres recientemente. Se suponía que debía ser una campaña publicitaria inteligente, pero fracasó después de que se alimentó la culpa y la ira de las mujeres en toda la ciudad. En Alemania, existe incluso una palabra para las madres trabajadoras que no recogen a sus hijos en edad escolar a la hora del almuerzo: “Madres cuervo”.


La cuestión sigue generando debate en un mundo corporativo en transformación, impulsado por una mayor presencia de las mujeres, transfiriendo los roles parentales y de género y un enfoque cada vez mayor en el equilibrio trabajo-vida.

Recientemente, el debate también estalló en el escenario político belga, con varios miembros del parlamento, tanto federal como regional, a punto de convertirse en mamás… Sin hablar de las madres de los niños que están creciendo (caso de dos ministras belgas)


En un sector donde la imagen lo es todo, donde estar en Bruselas al amanecer y quedarse para reuniones maratonianas de medianoche son parte del menú, surge la pregunta: ¿puede la maternidad combinarse con una carrera en la política?

Aún cuando el día de hoy los parlamentos federal y flamenco incluyen a más mujeres que nunca antes, las expectativas que un político debe cumplir son todavía en gran parte basadas en la imagen de los parlamentarios de años pasados: de mediana edad, masculino de raza blanca, con una mujer dócil que se queda en el hogar haciendo sus labores y cuidando a los niños.


Pero el panorama político ha cambiado significativamente en las últimas décadas, y la nueva tendencia global de la introducción de cuotas de género ha visto a muchas mujeres entrar en la arena política. Hoy, casi 50 países han legislado cuotas, y muchas más hacen uso de cuotas voluntarias en las listas electorales de los partidos

Durante mucho tiempo los países nórdicos (Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia) estaban solos en la cima del ranking mundial cuando se trataba de la representación política de las mujeres. Pero esto ya no es el caso. Puede venir como una sorpresa que los primeros lugares son ahora ocupados por Ruanda, en el número uno, y Sudáfrica en el número tres. Suecia todavía ocupa un lugar destacado (en el número 2.) Bélgica está en el puesto 12 º, pero los países occidentales, como Suiza, Austria y el Reino Unido están todos muy por detrás de Burundi (número 22) y Tanzania (número 23) en lo que respecta al porcentaje de las mujeres en sus parlamentos.


Los esfuerzos de Bélgica para rectificar el desequilibrio de género en su sistema político comenzaron en 1994, cuando aprobó su primera ley de cuotas de género. En ella se estipula que las listas de un partido de candidatos no podían tener más que dos tercios de cualquier género. En 2002, la ley de cuotas fue enmendada de nuevo, estipulando que en las listas electorales el número de candidatos de uno u otro sexo no puede ser mayor. Esto también se aplica a los primeros candidatos presentados por el partido: no pueden ser del mismo sexo.

Aunque el efecto de la ley de cuotas es visible en el actual panorama político de Bélgica – el 39% de los parlamentarios flamencos son mujeres, comparado al 20% en 1999, y el parlamento federal de Bélgica es en un 38% femenino, frente al 25% en 1999.

A pesar de este cambio radical, las leyes y reglamentos que rigen la fuerza laboral política se han mantenido iguales. La actual cultura política de Bélgica, especialmente en los peldaños superiores donde las decisiones fundamentales se toman, sigue siendo inhóspita para las madres trabajadoras. El caso es que los políticos no tienen un estatuto oficial de empleo y están en una situación entre tener los derechos de un empleado y los de un contratista independiente.


Esto significa que cuando se trata de la baja por maternidad, sus derechos son vagos e indefinidos. ¿El resultado? La ministra Van den Bossche fue casi linchada por los medios de comunicación a principios de este año por tomar cuatro meses por baja de maternidad debido a dificultades durante las últimas semanas de su embarazo.

Después de dejar hablar a tres mujeres, la periodista concluye:

Fundamentalmente, las tres mujeres avanzan la misma cuestión: estamos haciendo la pregunta equivocada cuando nos preguntamos si la maternidad puede ser combinado con éxito con una carrera política. En su lugar, tenemos que debatir la definición de una carrera, el papel que desempeña en nuestras vidas y la flexibilidad que admitimos a la gente en su definición, de acuerdo con prioridades específicas en ciertos momentos de sus vidas.

Sin quitar importancia a la cuestión de quién está cuidando a los niños, la pregunta que los Gobiernos deben hacerse a sí mismos es: ¿Quién va a trabajar para ellos cuando la paternidad o maternidad se vuelven imposible?
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