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La sonrisa de la globalización (y 2)




Esta crisis que experimenta la economía ¿es de verdad una crisis de hombres?, ¿una crisis de los jóvenes inteligentes con traje gris, como escribía el periódico francés Ouest-France? ¿No habría quebrado un banco Lehman Sisters? ¿De verdad son distintas las mujeres? ¿Lideran, deciden, gobiernan de otra forma? Estas son las interesantes preguntas que se hace la autora del artículo de Foreign Policy.

Y es que, ¿no han podido ser mujeres, tal vez, las que han tomado la decisión de trasladar una fábrica textil a otro país cuya mano de obra es más barata?. ¿No ha podido ser una mujer la que baje el sueldo de una costurera o se lleve su puesto de trabajo a un lugar en el que resulte menos costoso?. ¿No son las mujeres de los viejos países industrializados las que pueden comprar camisetas y teléfonos baratos, mientras la mano de obra se desplaza hacia los países del este europeo y del sudeste asiático? Hay que tener en cuenta que las mujeres de esos países en desarrollo se ven abocadas así a realizar trabajos por cuenta ajena, expuestas a los vaivenes del mercado mundial, abandonando las viejas estructuras económicas y el autoabastecimiento rural.

Porque del mundo les llegan nuevos productos, trabajo, dinero, nuevas ideas aunque no encajen con el concepto tradicional de la mujer en países como Bangladesh, en muchos de Latinoamérica, del sudeste asiático o del este de Europa. En estos países está aumentando la cantidad de mujeres que emigran para proporcionar el sustento a su familia. Algunos sociólogos hablan de la “feminización de la emigración”. Pero la pregunta que nos hacemos es ¿lo que la globalización aporta a las mujeres es un progreso auténtico? Existe una polémica en torno a la respuesta que va más allá de la frontera entre los sexos y traspasa continentes.
En Bangladesh, donde las costureras se han puesto en huelga, sería mucho más difícil su lucha si no se viera apoyada en los países ricos, que divulgan su situación y les ofrecen apoyo moral. Si no comenzara a surgir poco a poco cierto interés por el precio que tiene que pagar por la globalización una trabajadora textil de Bangladesh. A veces la ayuda podría ser muy fácil. Por ejemplo, cuando una mujer con buenos ingresos de España o Alemania se pregunta: ¿quiero comprar en serio esta camiseta importada que cuesta unos miserables 4,99 euros? ¿O no quiero?
No olvidemos que, si bien es cierto que el mundo de los banqueros que ha llevado a la economía mundial al borde del abismo es fundamentalmente masculino, la “bomba crediticia” que se convirtió en el detonador de la crisis financiera la inventó una mujer directiva de la banca JP Morgan…
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