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Los riesgos de la economía gig

Los
principios del siglo XXI han sido testigos de un cambio de paradigma en la
naturaleza del trabajo y en las formas empresariales en las economías occidentales, que en la actualidad se denomina economía gig. Cada vez más observamos que las
personas no cumplen con el modelo de un trabajo para toda la vida, sino que transitan de un empleo a otro, en muchas ocasiones
reinvención profesional incluida. 
Es este contexto es en el que surge con
fuerza el concepto de empleabilidad, objeto de debate en nuestro último BilbaoYouth Employment Forum.
También
aparece el concepto de Gig economy, un concepto íntimamente ligado a los cambios
en las formas empresariales del que hoy
nos hacemos eco gracias al artículo publicado por Jerry Davis del que hacemos
el siguiente resumen (el profesor Davis se circunscribe al mercado estadounidense pero bien podemos extraer muchas similitudes):
En
la postguerra mundial el creciente número de empresas eran generadoras de empleo de larga
duración, con beneficios sociales. En la mayor parte del siglo XX las empresas
en América fueron el principal pilar de la economía y proveían de opciones de desarrollo profesional, siendo bastante estables a pesar de shocks históricos como el de la Gran Depresión
o la II Guerra Mundial.
El
cambio de atención en los años 80 hacia el accionarado y la nueva ortodoxia que estipulaba que
el objetivo de la empresa era crear valor para éste coincidió con el
crecimiento de las TICs, en particular Internet.
La
web facilitaba el movimiento hacia la desintegración vertical y el outsourcing y, empujadas por los deseos del accionarado, las empresas disminuyeron el tamaño de su «core» (los/as trabajadores/as de las líneas externalizadas no disponían de los mismos
beneficios sociales) mientras crecía el número de subcontrataciones.
La
última ola de esta cultura en las empresas tecnológicas viene siendo conocido como Uberización: siguiendo el ejemplo de la plataforma Uber se desarrollan posibilidades
de trabajo “just-in-time”, que son probablemente el cambio fundamental en la
naturaleza de las relaciones laborales al que vamos asistir en los próximos años.
La
afirmación del profesor Davis es que la ortodoxia de la creación de
valor para el accionarado han cambiado el rol de la empresa como “empleador” y
por qué las políticas públicas para la creación de empleos decentes ya no se
alinean con el capitalismo de accionarado.
Ejemplos
como el “Job Acts” estadounidense (cuyo objetivo es el desarrollo de medidas para la creación de empleo) no van a tener impacto a menos que haya un cambio en el
concepto de valor de la empresa y para quién lo crea.
¿Qué es
una gran empresa hoy en día? Mientras en el pasado a la capitalización bursátil se le
unían las dimensiones de empleados/as y activos y estaban vinculadas, en la
actualidad una gran capitalización no implica necesariamente un gran número de
puestos de trabajo, una tendencia especialmente acusada en los servicios
on-ine
. Como ejemplo Netflix con una capitalización de 50.000 millones de
dólares sólo tienen 2189 empleados/as a tiempo completo; no es el único caso
Twitter, Yelp, Zillow, Airbnb,…
Sin
embargo argumenta el autor que las instituciones públicas no son conscientes de
ello y que es por ello que fallan las políticas de creación de empleo
. El
JobAct, la última acción estadounidense para relanzar el empleo, observa
erróneamente o más bien de manera parcial el problema: basa la baja creación
de empleo en los límites al crédito para las personas emprendedoras.
El profesor
Davis insiste en que las empresas que salen a bolsa tienen una creación de
empleo microscópica especialmente en el sector de la tecnología:
de 2001 a 2014
aproximadamente 1600 empresas han salido a bolsa, listado en el que se incluyen
startups en biotecnología y software, cadenas de supermercados y restaurantes,
spinoffs,…
Especial
atención requieren las startups que en general tienen una pobre creación de
empleo a pesar de una imagen social que no corresponde a su realidad, esto se
debe a algunos ejemplos que han adquirido gran visibilidad no representan
la realidad de las starups: Amazon, Google,…
Curiosamente
la empresa de mayor creación de empleo en los últimos años de las anteriormente
mencionadas es Brookdale Senior Living, el mayor operador de residencias para
mayores.
En
este contexto comienza a sustituirse el concepto de empleo por el de tarea. La
automatización y la deslocalización son reconocidas amenazas al empleo
existente, pero el desarrollo de los smartphones y del “capitalismo de
plataforma” como Uber han creado una nueva amenaza: la sustitución de empleo
por tarea.
El
modelo básico de empleo a demanda ha venido a llamarse gig economy,
donde los
empleados gig desarrollan un servicio particular a cambio de una cuota. Esta
reducción del coste de contratar empleados/as solo al momento en que se
necesitan para una tarea concreta pone en grave riesgo la creación de empleo
decente, pues hay una amplia variedad de empleo que pueden transformarse en
tarea: desde la provisión de cuidados
médicos hasta conferencias universitarias, por ejemplo.
El
autor termina afirmando que el reto para aquéllos/as que buscan la creación de
seguridad económica para el futuro es reconocer el desajuste entre nuestro
viejo modelo económico y la naturaleza de las empresas del siglo XXI. Así mismo
el emprendimiento orientado a crear valor para los/as accionistas es poco
probable que cree grandes bolsas de empleo.
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