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Han pasado 25 años desde la Cumbre de Río de Janeiro cuando el mundo empezó a preocuparse por el Cambio Climático (pero queda mucho por hacer)

La necesidad de luchar contra el cambio climático tiene y seguirá teniendo una fuerte repercusión en la economía, en el emprendimiento y en el empleo. Tiene un fuerte componente humano y social. Porque los adultos de hoy somos responsables de la herencia que dejamos a las nuevas generaciones. Y a los jóvenes y a las generaciones que vienen les corresponde tomar el relevo, porque el Cambio Climático amenaza e hipoteca el futuro de nuestro planeta. En estos tiempos se habla mucho de la Industria 4.0, la 4ª Revolución Industrial, la Inteligencia Artificial. Pero, aunque el cuidado del Medio Ambiente y la lucha contra el Cambio Climático se aprovecharán de la Inteligencia Artificial, se necesitará sobre todo la inteligencia y la conciencia de los seres humanos. Se necesita liderazgo político, y aunque no es un asunto exclusivo de científicos y tecnólogos, se necesitarán muchos en una variedad de disciplinas científicas y tecnológicas.

La OCDE está haciendo estudios a nivel local en distintos países. En uno muy reciente “Boosting Skills for Greener Jobs in Flanders, Belgium” (c OECD 2017) dice: La transición hacía una economía baja en carbono, eficiente en recursos y verde, solo es posible desarrollando las aptitudes, los conocimientos  y las competencias adecuadas. Estas pueden definirse como “los conocimientos, las aptitudes, los valores y las actitudes necesarias para vivir en, desarrollar y apoyar a una sociedad sostenible y eficiente con sus recursos”. En países que dependen de actividades intensivas en energía y emisiones, la transición hacía una economía verde puede inducir severos costos de ajuste, tanto desde el punto de vista económico como social. Los cambios económicos estructurales necesarios para el cambio a una economía verde necesitarán una planificación cuidadosa y una implementación efectiva a nivel local.

 

Las cosas de palacio van despacio ¿Qué ha ocurrido en estos 25 años?

 

Río de Janeiro – 1992

 

En junio de 1992 tuvo lugar la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo – CNUMAD (UNCED – United Nations Conference on Environment and Development), tuvo lugar en Río de Janeiro, por eso también llamada también “la Cumbre de la Tierra de Río” o simplemente “la Cumbre de Río”. Dar cuenta de todo lo ocurrido desde entonces en un solo artículo de un blog es imposible.  Para saber más se aconseja ver los enlaces con las fuentes, incluidos en el texto, y otros artículos referenciados al final.

 

En la Cumbre de Río se anunciaron tres tratados internacionales llamados “Convenciones de  Río”:   La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), que se adoptó en 1994, el  Convenio sobre la Diversidad Biológica (CNUDB) y la  Convención de Lucha contra la Desertificación (CNULD).  Todas están muy interrelacionadas. Las reuniones sucesivas sobre el Clima se llaman “Conferencia de las Partes” (COP). En realidad ya se había discutido sobre el Clima en una conferencia mundial anterior, en 1979, o sea 13 años antes de la Cumbre de Río.

 

Al término de la Cumbre de Río se emitió una “Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo”, con 27 “principios”. El primero de todos: “Los seres humanos constituyen el centro de las preocupaciones relacionadas con el desarrollo sostenible. Tienen derecho a una vida saludable y productiva en armonía con la naturaleza.” Esta Declaración de principios formaba la base de un plan de acción, llamado Programa 21 (o Agenda 21), con el que entonces se comprometieron más de 178 países. Contiene más de 2.500 recomendaciones prácticas.

 

Protocolo de Kioto

 

En diciembre de 1997, en la COP3, se adopta el conocido Protocolo de Kioto , para la puesta en práctica de la Convención Marco. Compromete a los países industrializados a estabilizar las emisiones de los llamados gases de efecto invernadero (GEI) que evitan la disipación del calor y lo mantienen en la atmósfera. Los GEI son, en orden creciente de intensidad del efecto invernadero: CO2, dimetil-éter,  metano, oxido nitroso, hexafluoruro de azufre, 19 hydrofluorocarbones, 7 fluorocarbones, 11 éteres halogenados, y el hexafluoruro de azufre.  El objetivo fundamental es evitar que el incremento de la temperatura media global de la tierra supere los 2ºC respecto a los niveles preindustriales y busca, además, promover esfuerzos adicionales que hagan posible que el calentamiento global no supere los 1,5ºC.

Aunque es el GEI menos intenso, el más importante por su cuantía presente en la atmósfera es el dióxido de carbono (CO2), que proveniente principalmente de la combustión de combustibles fósiles: carbón, petróleo y gas natural (en orden decreciente de su producción de CO2). Las emisiones mundiales de CO2 han aumentado casi un 50% desde 1990.

 

Pero no será hasta 2005 cuando el Protocolo realmente entra en vigor. Establece metas vinculantes de reducción de las emisiones para, al día de hoy, los 192 países (al principio eran 84) que son responsables del alrededor del 64% de las emisiones, reconociendo que son los principales responsables de los elevados niveles de emisiones de GEI, principalmente CO2, que hay en la atmósfera y que son el resultado de quemar fósiles combustibles durante más de 150 años. En este sentido el Protocolo tiene un principio central: el de la «responsabilidad común pero diferenciada». El Protocolo ha movido a los gobiernos a establecer leyes y políticas para que las empresas cumplan sus compromisos, y lo tengan en cuenta a la hora de tomar decisiones sobre sus inversiones. También ha dado origen al llamado “mercado del carbono”: un sistema de comercio a través del cual los gobiernos, empresas o individuos pueden vender o adquirir reducciones de gases efecto invernadero.

 

La lucha contra el cambio del clima y en particular el Protocolo de Kioto han seguido un camino tortuoso. Unos países tardaban más que otros en comprometerse, unos cumplen más y otros menos. En marzo de 2001, EEUU, el mayor emisor de gases con efecto invernadero, decidió retirarse del Protocolo. (Muy recientemente el nuevo presidente Donald Trump ha manifestado no creer en el Cambio Climático, en contra de la opinión generalizada de los científicos y de la mayoría de los países desarrollados, y quiere apostar por el carbón)

 

Diez años después de la cumbre de Río, en 2002, tuvo lugar la Cumbre de Johannesburgo. En su Informe sobre el cumplimiento de la Agenda 21 el Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan, tuvo que recordar que: “El desarrollo sostenible no es alcanzable sin cambios fundamentales en el modo en que las sociedades industriales producen y consumen.” (Ver más sobre el Protocolo de Kioto y los GEI, aquí)

 

Situación actual

 

La anteúltima COP tuvo lugar en París en diciembre 2015 (COP21). En sus conclusiones dice: “La COP21 terminó con la adopción del Acuerdo de París que establece el marco global de lucha contra el cambio climático a partir de 2020. Se trata de un acuerdo histórico de lucha contra el cambio climático, que promueve una transición hacia una economía baja en emisiones y resiliente al cambio climático. Es un texto que refleja y tiene en cuenta las diferentes realidades de los países, es justo, ambicioso, duradero, equilibrado y jurídicamente vinculante.”

 

En la última COP, en Marrakech en noviembre de 2016 (COP22), los países participantes han prometido “paquetes de miles de millones y billones de dólares de apoyo para tecnologías limpias”, y “23 millones de USD al Centro y Red de Tecnología del Clima, que apoya a los países en desarrollo en temas de desarrollo y transferencia de tecnología para el clima. Como instrumento de implementación del Mecanismo Tecnológico, dicho centro es una institución clave para que las naciones puedan cumplir los compromisos que han contraído en virtud del Acuerdo de París.”

 

La próxima reunión COP23 está prevista en noviembre de este año 2017 en Bonn, donde está la sede del Secretariado del Cambio Climático y que tratará sobre los avances del Protocolo de Kioto y del Acuerdo de Paris.

 

Repercusión en la economía y en empleo

 

Está claro que estos compromisos seguirán teniendo una fuerte repercusión en la economía, en el empleo y en el emprendimiento en los próximos años en diversos sectores y en diversas tecnologías, desde la I+D hasta la aplicación innovadora. Algunos ejemplos:

 

Las energías renovables: solar (térmica y fotovoltaica), eólica (terrestre y marina), geotérmica (p.ej. para viviendas), hidroeléctrica, maremotriz, biocombustibles (biodiesel y biocarburantes tales como bioalcoholes o bioéteres, obtenidos de cultivos renovables que preferiblemente no compitan con los alimentos  ni necesitan deforestación), biogás (a partir de residuos orgánicos), biomasa (p.ej. de residuos forestales)…  Los progresos: Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), en 2015 el crecimiento en capacidad de electricidad renovable alcanzó un record de 153 GW (sobre todo eólica y solar fotovoltaica), lo cual equivale al total de capacidad de energía eléctrica de un país como Canadá. Noruega, el país de Europa más rico en petróleo ya produce toda su electricidad de forma renovable. La AIE vaticina un crecimiento global de energías renovables del 42% (825 GW) para el año 2021.
Transporte – Automóviles: coches eléctricos (a condición de que consuman electricidad renovable), híbridos, o que funcionan con biocombustibles o con hidrógeno (depende de cómo se obtiene). Según la AIE en 2015 ya había 1,26 millones de coches eléctricos en el mundo, y la previsión es alcanzar entre 100 y 140 millones en el año 2030. Hay ciudades que han cerrado el acceso a sus centros para automóviles diesel, otras solo dejan entrar vehículos  alternando matrículas pares e impares, otras los cierran completamente al tráfico. Más que por el cambio climático, la razón es la mala combustión del combustible, que emite monóxido de carbono muy tóxico y partículas no quemadas o parcialmente quemadas. Aparte de funcionar peor, un vehículo en la ciudad consume por kilómetro mucho más que en carretera. Además, junto con las calefacciones residenciales los gases de escape producen  las “boinas” que cubren algunas ciudades, y las “nieblas” contaminadas que obligan a los peatones a llevas máscaras. También hay que descongestionar más las carreteras y aumentar el transporte público sostenible.

 

Industrias en general: Tecnologías de captura, transporte, almacenamiento, secuestro y transformación o usos del CO2 producido en instalaciones de combustión de combustibles fósiles (sobre todo centrales térmicas de carbón). Se estima que esta tecnología puede absorber del  orden del 20 al 30 por ciento del CO2 que hay que eliminar. Es una tecnología costosa, y por eso su desarrollo es lento, pero están apareciendo innovaciones que la abaratan. (Referencia AIE)


En la agricultura y agronomía: La biodiversidad, la forestación (y evitar la deforestación: cuidar los bosque y selvas actuales), cultivo de materias primas para biocombustibles que no compitan con las destinadas a la alimentación.  Por ejemplo a partir de jatrofa, colza, microalgas, en particular las que pueden crecer en zonas desérticas, o  a partir de aceite usado.

 

En el sector de bebidas: transformación de subproductos de la fabricación de bebidas alcohólicas en biocombustibles y en energía.
(Producción de biocombustibles a partir de los productos residuales de la destilación del whisky. Fuente: Celtic Renewables Ltd.)
 
El sector de la construcción y urbanización: edificios inteligentes que usan energía solar, materiales aislantes, la bomba de calor, energía geotérmica. Urbanización de las ciudades con zonas peatonales y parques, etc.

 

Ahorro y optimización energética en la Industria en general: aislamiento, sistemas de recuperación de energía, eficiencia energética, cogeneración de vapor y energía eléctrica, sistemas y tecnologías de control, optimización, comunicación, y de información digital.

 

En el estudio de la OCDE, citado al principio, cuentan que algunas empresas han reformado completamente su negocio. Estas empresas citaron una serie de estrategias tomadas para la transición hacía una economía verde que incluyen:
  • La construcción de un conducto que asegura que el sector de la educación y formación prepare a los individuos con las aptitudes adecuadas
  • La contratación: por ejemplo enviar ofertas de empleo a las universidades o a una facultad asociada.
  • Formación: establecer enlaces con las federaciones de los sectores, contratar a consultores especializados en la formación de empleados, y disponer de mentores dentro de la empresa.
  • Redes que comparten conocimiento y que animan a los empleados a participar en conferencias temáticas, a colaborar con otras empresas en el sector, o con empresas de la cadena de valores.
Las empresas señalaban que en esta transición hay una necesidad creciente de aptitudes técnicas y la mitad de ellas han tenido que aumentar las de sus empleados y darles más formación.

 

Otros artículos relacionados
  1. Desarrollo sostenible-cambio climatico-Kioto – Un desafío para la industria de proceso española, René Aga Van Zeebroeck, Ingeniería Química, Nº 414, Junio 2004.
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  4. “Mañana empieza hoy” – Empieza el Año de la Biodiversidad, W. Erdelen, 18 Enero 2010, Blog E2i.
  5. Clima: el grito de alarma lanzado por los expertos,31 mayo 2011, Carmen Echebarría, Blog Construyendo Capital Humano (NSF).
  6. Innovative Chemistry is required to fight Climate Change, René Aga Van Zeebroeck, Dr.Sc. (SECOT), Industria Química, Nº 23, 2015, Achema 2015 Edition.
  7. Cómo la solidaridad entre los países puede contribuir a la lucha contra el Cambio Climático: el ejemplo de Noruega y Guyana, René Aga, 22 Septirmbre 2015. Blog Construyendo Capital Humano (NSF)