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Hacia una nueva era en el mundo

Al reflexionar sobre el programa Pegasus coordinado
por la Fundación Novia Salcedo cuyo objetivo es el conseguir que las Naciones
Unidas declaren “2016-2025 Década del Empleo Juvenil” que está centrada en la
creación de empleo justo para los muchos millones de jóvenes sin trabajo, que
hay en el mundo, me pregunto asustado  “¿habrá
trabajo para todos si no hay mejora en la educación de la juventud?”
Antes de dar respuesta a esta
pregunta, me hago otra pregunta, ¿cómo hemos llegado a esto? Miro hacia atrás
en el entorno cultural y social en que vivo desde aquel veintinueve del pasado
siglo en que nací y veo que  me ha tocado
vivir un período de la historia ambivalente. Por una parte, a algunos de los
que vivimos en occidente nos ha tocado vivir mucho más y mejor que cuando
nacimos. Por otra, no todos en el mundo han tenido nuestra suerte. Es una
situación injusta que tiene sus orígenes.
Está el salto que el cerebro
humano, siempre en permanente evolución, dio hacia adelante en el siglo XVII
cuando desarrolló la “Modernidad”, que abrió las mentes y situó a Dios en su
lugar, que era el respetar la autonomía del ser humano para que decidiera y
pensara por sí mismo. Y, como consecuencia la humanidad empezó a apoyarse en sí
misma desarrollando el estudio de las ciencias, los inventos y su aplicación
mediante la tecnología, lo que trajo la industrialización y sus aplicaciones en
todas las esferas de la vida. Y así llegamos al buen vivir del que ahora gozamos,
duración de vida, sanidad, escuela, comunicaciones, mercados.

Está la otra cara del progreso que ha tenido su coste, ya que se apoyó
y se apoya en las ínfimas condiciones de vida y trabajo de muchos a favor de
unos pocos y en el inconsciente y terrible atentar contra la madre tierra en
forma de deforestaciones, polución de la atmósfera, envenenamiento de ríos,
pueblos y civilizaciones masacrados, asolamiento de tierras y explotación de
las riquezas de países pobres dejando a sus habitantes en la miseria, lo que
sea con tal de ganar más y más dinero.
¿Cómo y por qué la humanidad ha llegado a esta situación ambivalente? Porque
nuestro cerebro humano está lastrado por ese “homo depredator”, que todos
llevamos dentro heredado del león alfa de la manada que todo lo domina con su
zarpa, lo mezcla todo de violencia. Violencia en el interior de cada persona.
Violencia en las relaciones entre los seres humanos. Violencia en  la agresión a la naturaleza. Violencia contra
la vida.
A esta bifronte situación de la humanidad nos ha llevado y nos lleva el
 Neoliberalismo  para el cual el poder está en el dinero y el
mercado es elemento eje de toda producción aunque eso suponga que los ricos
sean cada vez más ricos, se difumine la clase media y los pobres sean cada vez
más pobres. Las riquezas y ventajas están mal repartidas, hay una falta de
ética social y política flagrante, una corrupción rampante sin valores humanos.
Además, el neoliberalismo tiene  “buena
conciencia” ya que la doctrina calvinista, en que se apoya, afirma que el
acumular dinero es signo de la protección de Dios, que apoya al que trabaja y
con ello gana riqueza.
Convive con esta Modernidad la Postmodernidad que reacciona rompiendo
diques: el de la autoridad de los mayores, el peso del entorno familiar, los
usos, costumbres establecidas, las normas sociales institucionalizadas, la
vivencia religiosa y sus mandamientos. El “Yo” pasa a ser quien impone sus leyes
en un mundo líquido en el que nada es firme y los medios de comunicación son
los que marcan caminos.  La gente vive despreocupada, lo que vale
es el gocemos y vivamos, que luego ¡ya veremos! Y eso en un entorno en el que
cada vez hay menos puestos de trabajo en el que la tecnología lo invade todo.
Consencuencia de este abuso por parte 
algunos y esta inconsciencia de muchos entremezclados es la actual
crisis en que estamos sumidos que me tiene desconcertado y esfuma mi fe en un
progreso que yo creía indefinido, porque además escucho voces agoreras  que reaccionan ante este momento terrible que
estamos viviendo un último coletazo  de derrumbe
de nuestra Era el Neolítico. ¿Será verdad tan desasosegante anuncio? Hay demasiada
inconsciencia en esos dueños del dinero capaces de destruir la habitabilidad
del planeta para aumentar más y más sus riquezas. Además sobran en el mundo
bombas atómicas con fuerza para destruirlo 
todo.
Pero no quiero caer en pesimismos. En el universo es larga la sucesión
de explosiones, catástrofes y mutaciones que dieron paso a nuevas formas de ser
y de existencia. Por ejemplo, el impacto de un gran meteorito sobre el golfo de
México supuso la extinción del dominio de los dinosaurios y el paso a otras
formas de vida sobre la tierra. ¿No puede ocurrir algo semejante en estos
momentos? Quizás una posible muerte de nuestra Era, si es que llega,  pueda ser en realidad un renacer como un ave
fénix a otra nueva Era, que no sabemos cómo será, pero que será un paso
adelante hacia una vida superior en el planeta en la que todos los humanos
vivan en mayor armonía.   
Para que así suceda, el timón de nuestras vidas deberá pasar de las manos de nuestro
“homo depredator interior” a las de la “Inteligencia Espiritual”, una de las
inteligencias múltiples de nuestro cerebro, que da sentido espiritual a la
existencia, nos hace mirarnos en profundidad y conocernos, es base de felicidad
en toda circunstancia y favorece la apertura a lo distinto, a los otros y a lo
otro obligándonos a abrir los ojos para descubrirnos como personas totales
miembros de la gran familia humana. La violencia que ahora sufrimos – violencia
del dinero para asegurarse el ser amo del mundo, violencia del macho para
defender su superioridad sobre la hembra, violencia del “yo” de cada uno para
imponerse  a los demás, violencia del
grupo frente a los otros, violencia para ganar y no perder – deberá ceder ante el
acercamiento y el encuentro  entre todos.
 
Este cambio a mejor en nuestro cerebro significará otro paso adelante
en su evolución permanente. Será un paso que llevará mucho tiempo ya que aún se
está gestando y en la naturaleza toda gestación lleva su tiempo. Aunque de
hecho en algún modo ya ha comenzado:
¿No es signo de cambio la
autoridad moral en el mundo de Francisco, un Papa de una Iglesia vieja y
moribunda que de su mano va renaciendo con la vuelta al Evangelio? ¿No estamos
viendo que en este nuestro mundo líquido crece la concienciación sobre la
sostenibilidad de la vida del planeta? ¿No
vamos abriendo nuestra mirada y ensanchando nuestro horizonte actual más allá
de nuestro terruño cuando nos ponemos en un segundo en contacto directo con
nuestros antípodas  en el mundo? ¿No
vamos  entrando en un nuevo mundo
virtual? ¿No está cambiando el status de la mujer en el mundo? Aún la cosa va
con demasiada lentitud, pero a verdad es que cada vez vemos a más mujeres en
los primeros puestos de la ciencia y los negocios e incluso como jefas de
estado. Falta mucho desde luego y algunas se pasan cien pueblos al grito de “de
mi cuerpo hago yo lo que quiero”, pero el cambio es ya imparable.
Pero este cambio necesita de protagonistas que lo lleven a cabo. Será
necesario que haya Personas con mayúscula que lo lleven a cabo. Y habrá que
formarlas. Toca derribar barreras educacionales y culturales ahora centradas en
educar peones eficaces en el actual sistema. Toca crear un nuevo tipo de
escuela que forme esas personas nuevas, aunque de hecho ya hay experiencias de
este nuevo tipo de educación en el mundo.
Termino esta mi reflexión
volviendo a la pregunta que me he hecho al comenzarla “¿habrá trabajo para todos si no hay mejora en la
educación de la juventud?” Y propongo que todo el entramado de la sociedad -gobiernos,
instituciones públicas y privadas, empresas, familias, educadores, personas-
hagamos un gran pacto: renovemos la educación de nuestros niños partiendo de
iniciativas ya en marcha, formemos personas que sepan ver la complejidad de la
realidad, verse y quererse a sí mismas y estén abiertas a los otros y a lo
otro, encuentren su misión en la vida. Convirtamos la educación en un gran
juego antesala del gran juego de la vida. 
Bilbao, 21 de agosto del 2016

Txomin Bereciartua

Un comentario

  1. Muy interesante y muy humano artículo del Padre Bereciartúa, centrado en su pregunta "¿habrá trabajo para todos si no hay mejora en la educación de la juventud?". Contestar que no, parecería pesimista, pero yo creo que es realista viendo la rápida evolución de la humanidad. Los robots de todo tipo lo van invadiendo todo y simultáneamente van destruyendo empleo.Eso no tiene que ser necesariamente malo si la sociedad se va adaptando al cambio, lo que tendrá que hacer necesariamente. Pero falta una revolución social, que puede y debe ser pacífica, donde el menguante trabajo se reparta de una forma natural, sin esperar necesariamente una contrapartida. Hoy el derecho a la vida es un principio fundamental, aunque haya bárbaras excepciones, pero mañana tendrá que haber también un derecho real al puesto de trabajo. Además de vivir, podremos trabajar de formas que hoy ni conocemos o no trabajar, sin que ello suponga limitar nuestra vida. La educación será un factor fundamental pero habrá también otros.

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