Un “príncipe” de la física, Louis de Broglie, sobre el valor de la ciencia.

Hace 20 años, en 1987, murió Louis-Victor Pierre Raymond de Broglie. Llevó el título nobiliario de Príncipe por su pertenencia a la alta nobleza francesa. Estudió las carreras de física teórica y de historia en la Universidad de la Sorbona de Paris. Ha sido profesor de física teórica en la Universidad de París y en el Institut Poincaré, fue miembro de la Academia de Ciencias y de la Academia francesa, Secretario permanente de la Academia de Ciencias y consejero de la Comisión de Energía Atómica Francesa. En 1929 obtuvo el Premio Nóbel de Física, por su descubrimiento de la naturaleza ondulatoria de los electrones. Su trabajo fue una extensión de los trabajos de Albert Einstein y Max Planck. Un hecho anecdótico: Durante la 1ª Guerra Mundial hizo su servicio militar en la Torre Eiffel.

Tengo un libro de él, en una versión neerlandesa de 1946 de la Editorial Panteón de Amberes, titulado “Materia y Luz” (“Matière et Lumiere”), que escribió por insistencia de un amigo suyo, en el que ha reunido unos estudios sobre la física “contemporánea” y sobre los aspectos generales y filosóficos de la misma. Me parecía de interés reproducir algunos extractos:

“Algunas palabras sobre una cuestión que siempre ha ocupado a los pensadores científicos: ¿Cuál es el valor de la ciencia?, es decir, ¿Cuál es el fundamento para nuestro amor y admiración por la ciencia? Mucha gente acepta la ciencia por sus aplicaciones; citan multitud de mejoras materiales que han producido en la vida cotidiana, los medios poderosos que nos ha procurado para la conservación y la prolongación de la vida; piensan que esto continuará de manera ilimitada en el futuro. Este pensamiento solo se puede admitir con reservas: no todas las aplicaciones de la ciencia son beneficiosas y tampoco es seguro que su futuro desarrollo constituirá un avance para la humanidad, porque este depende más de la elevación espiritual y moral del ser humano que de las circunstancias materiales de su vida. Sin embargo las aplicaciones de la ciencia han suavizado y embellecido en ciertos aspectos nuestra existencia y pueden continuar este trabajo, si sabemos merecerlo. Así pues, podemos amar a la ciencia por sus aplicaciones, por los alivios y comodidades que aporta a la vida humana. Podemos sin embargo dar otra razón por la que podemos apreciar la ciencia. Solo en el plano espiritual adquiere su valor máximo: hay que amar a la ciencia porque es una gran obra del espíritu.”

“Cuanto más nos adentramos en el interior de la materia, más nos damos cuenta que nuestros conceptos diarios, especialmente los de la materia y el tiempo, ya no son suficientes para describir el nuevo mundo en que bajamos. Podríamos decir que los límites de nuestros conceptos deben esfumarse para poder aplicarlos de alguna forma a la realidad de la escala subatómica.”

“La finura de espíritu es necesaria: ella siempre nos debe recordar que la realidad es demasiado fluida y rica para poder comprimirla en el corsé de nuestros conceptos. Son ideas con las que todos los que han reflexionado sobre el progreso del saber humano están familiarizados.”

Sobre nosotros René Aga

Senior socio de SECOT en Bilbao, Seniors para la Cooperación Técnica, Voluntariado de asesoramiento empresarial, del emprendimiento y profesional. Administrador y co-editor de la página web y blog de SECOT Bizkaia/Vizcaya Colaborador de la Fundación Novia Salcedo y miembro externo de su ICARO Think Tank; Autor en el blog "Construyendo Capital Humano" Propietario y editor del blog "Desde la Educación hasta la Innovación" Administrador del blog "Compromisos Cristianos ante la Crisis"   Más aquí: https://marismeno.blogspot.com.es/2014/02/soy-de-donde-soy-o-soy-de-donde-estoy-o.html  y aquí: http://e2i.blogspot.com.es/p/el-autorthe-author.html

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