Una buena receta para hacer voluntariado

(Charla de Txomin Bereciartua, fundador y Presidente
de Honor de la Fundación NoviaSalcedo, pronunciada en la mesa redonda “El voluntariado
y el emprendizaje en tiempo de crisis”, celebrada en Bilbao en ocasión del XX aniversario
de SECOT Bizkaia, Seniors para la Cooperación Técnica, el 11 de Noviembre de 2011)

Retrato de Txomin hecho por el caricaturista Mintxo durante la charla

Me
piden que hable sobre el voluntariado y lo hago encantado ya que hacerlo en
esta reunión en la que Secot Bilbao celebra que cumple años y ya es
veinteañera, es hablar en casa. Lo digo porque me siento unido a vosotros y
vosotras en vuestra pertenencia activa en el voluntariado social. No seré largo
en atención a la obligación de ser breve y no cansar al auditorio. Comienzo ya.

Lo
primero que debo dejar claro es que los pertenecientes al voluntariado somos
muchos y al tiempo somos pocos. Somos pocos porque la mayor parte de la masa
ciudadana únicamente pone mano en el arado cuando gana lo más que puede con ello.
Y es que vivimos en una cultura postmoderna en la que lo que prima y vale es lo
que yo quiero y como lo quiero. Pero, al tiempo, somos muchos, somos millares,
por no decir millones en el mundo, las personas que hacemos algo por otros
porque sí, porque nos sale de dentro y sin esperar recompensa inmediata por
ello.

 La Mesa redonda. De izda a dcha en la foto: Vicente Boraita (IDOM), Eduardo Maíz (Ayuntamiento de Bilbao), Mª Carmen Gutiérrez (SECOT), el moderador Miguel Gaminde (SECOT), Txomin Bereciartua (Fundación NoviaSalcedo, y Mª Isabel Pumar (ASOMO)

Y,
si no, mirad los muchos espacios donde actúan gentes voluntarias, que
normalmente no aparecen, pero que en realidad están en la base de todo. Entrad
conmigo en las iglesias, visitad esos lugares donde se atiende a personas rotas
en el cuerpo o en el alma y en la convivencia, acercaos a clubes deportivos y
culturales de pueblos, enteraos de quiénes son los que están tras las fiestas
de los pueblos, poneos en contacto con ONGs y otras organizaciones similares,
volad a países pobres y en miseria, ¿qué vemos? Miles, millones de voluntarios
que se dan a favor de quienes les necesitan. O por hablar mejor, lo que vemos
es a miles, millones de voluntarias en compañía de muchos voluntarios, ya que
la mayor parte del voluntariado está protagonizado por el sexo femenino. Eso es
al menos lo que deduzco por  lo que veo
en las iglesias.

 Vosotras
y vosotros en concreto, los SECOTistas, sois una rama fuerte de ese árbol que
es el voluntariado, siempre a disposición de tantos que llaman a vuestra
puerta. Emprendedores que se asoman a esa aventura que es el caminar solos por
despachos, oficinas de bancos y proveedores y posibles clientes cuando aún
están dando los primeros martillazos a su obra. Gestores de microempresas que
se las ven y se las desean para salir adelante y buscan alguien que les
organice su trabajo. Organizaciones e instituciones, que carecen de recursos.
Asesoráis a todos desde vuestra experiencia humana y laboral mientras les
acompañáis con vuestro bien saber hacer. Con esta entrega a favor de otros os
unís a tantos profesionales jubilados que realizan una labor semejante a lo
largo del mundo.

¿Qué
es lo que os mueve y nos mueve a todos cuando nos sentimos y somos voluntarios
a favor de algo? Es un mix de ingredientes varios que se baten en la coctelera
del interior de la persona y da un buen producto con aroma de generosidad y
entrega. Veamos la receta de este buen guiso.

 Comencemos
cogiendo una buena dosis de chaladura que haga de base. Es fundamental porque
quien tiene alma solidaria no tiene esa “sensatez” entre comillas de  buscar siempre el propio interés y escurrir
el bulto, que tanto abunda, y va contracorriente en un entorno social en el que
lo que prima es el interés propio inmediato.

 Echemos
luego unas gotas de tono alegre, positivo y optimista y evitemos con cuidado
cuanto huela a amargura, mal carácter, misantropía o huída de la convivencia.
Añadamos un coctel de desinterés, generosidad, filantropía, voluntad y entrega
decidida, altruismo y solidaridad, bien macerado en el interior del alma por
motivaciones religiosas, culturales o de grupo.

 Unamos
a ello el aceite de un convencimiento pleno de que quien más da más gana,
porque eso da sentido a su vida y vive la alegría de dar y ayudar a otros
agradeciendo así lo mucho que cada uno ha recibido como regalo en la vida. Y
por último echemos una pizca de sal al dejar de mirar hacia arriba esperando
que los de arriba u otros arreglen los problemas y asumir que uno puede hacer
algo y sumarse a otros,

Logremos
con todo ello una buena masa con suaves manos de cordialidad, humor y espíritu
solidario y de amistad. Terminamos dando un calentón al pastel en el horno de
la comunidad con la que colaboramos encantados y ya está el plato dispuesto
para que salga a la mesa. ¿Habéis comido vosotros tan sabroso plato? Claro que
sí, ya que eso es lo que deduzco del hecho de que estéis aquí.

 Me
atrevo a presentaros esta receta, tan activa y viva sobre todo en los países
anglosajones y tan extraña en nuestra cultura, desde la autoridad que dan los
años que NoviaSalcedo lleva aplicándola desde que comenzó su servicio a la
juventud como respuesta a la crisis en que la juventud y la sociedad estaban
sumidas allá por los ochenta del pasado siglo.

 El
tejido industrial era una ruina por lo que la mayoría de los que dejaban la
universidad se convertían en parados. Ante este panorama unos cuantos
voluntarios chalados nos dijimos “dejemos de hablar, hay que hacer algo” y nos
pusimos al trabajo cargados de ilusión y entrega y sin dinero. Han pasado
treinta años, casi nada, y hemos hecho algo, al menos eso parece cuando podemos
hablar de miles y miles de jóvenes a los que venimos acompañando en su
inserción en el mundo laboral y social y son cientos las empresas que nos
agradecen el servicio que les prestamos.

 Pero
aquel nuestro espíritu fundacional sigue hoy muy vivo, más vivo si cabe porque
hoy de nuevo nos toca reaccionar ante una gran crisis diciéndonos aquello de
“dejemos de hablar, hay que hacer algo” y lo estamos haciendo, gracias al apoyo
de buenos amigos, la ilusión de los voluntarios activos, que de un modo u otro
colaboramos y el buen hacer del equipo que trabaja en la oficina, aunque
seguimos sin dinero.

 Y
además lo hacemos mejorando. ¿Cómo? Transformando nuestros servicios de siempre
a jóvenes y empresas en una auténtica escuela no reglada de buen y enriquecedor
entendimiento entre quienes se insertan en el trabajo y quienes les reciben. Y metiéndonos
en la aventura de montar algo así como un taller de emprendizaje en unos
locales que nos deja el Ayuntamiento en La Cantera. Nos damos cuenta de que
esto del emprendizaje suena muy bien, pero es una locura para muchos, pero ¿qué
quieren que les diga? Será locura, pero hay que hacerlo y se hará. Somos así de
locos y no tenemos remedio, ¡que Santa Rita abogada de los imposibles nos
asista!

 Y
hacemos algo más y muy importante, porque hemos pasado de la acción a la
reflexión – acción, para unirnos a quienes andan buscando cómo hacer frente al
problema de la crisis mundial de valores, que está tras la actual crisis social
y laboral que nos ahoga y tanto paro provoca. Nos hemos reunido en enero de
este año con amigos voluntarios provenientes de la universidad, de fundaciones
y de empresas para reflexionar con ellos sobre los retos provocados por esta falta

de valores y buscar lcaminos para hacer frente a los mismos.  El próximo enero volveremos a reunirnos para
aterrizar los “como” convertir en realidad esos caminos. Hemos dado a esta
nueva dimensión de nuestra actividad el poético nombre de “Icaro” Think Tank.

 Bueno,
ustedes perdonen damas y caballeros si les he cansado, que uno está
acostumbrado a soltar sus homilías y eso hace costumbre. Y ahora permitidme
que, antes de ponerme a vuestra disposición para contestar a vuestras
preguntas, si queréis hacerlas, salude cordialmente desde aquí a nuestro buen
amigo Joaquín Martí, vuestro padre fundador, que se nos ha ido y nos acompaña
desde el cielo encantado de esta fiesta que estamos celebrando.

(Depués del acto formal, Txomin compartió mesa con los otros participantes en un ambiente ameno)

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