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Innovación en la educación: nuevos profesionales para nuevos tiempos


Hoy queremos compartir con vosotros un artículo de Rafael Pilar, profesor del Centro San José de Calasanz de Santurtzi y gran amigo de la Fundación. 
Recientemente les hablaba de los
nuevos perfiles de profesionales que están exigiendo las empresas en sus
contrataciones. Les decía que ya no es suficiente con jóvenes que obtengan un
título con buenas calificaciones como garantía de éxito. Si algo nos ha
demostrado esta crisis, es que con un título o un buen expediente académico las
puertas no se abren al grito de “Abra Cadabra” o peor aún, no garantiza
permanecer en la empresa para aquellos que sí lograron abrirlas hace muchos
años. Hoy en día las empresas buscan titulados con una serie de competencias
adicionales como habilidades de comunicación, capacidad para trabajar en
equipo, que aprendan rápido de sus errores, a poder ser de forma autónoma,
capaces de tomar decisiones y además de resolver problemas. ¿Qué les parece? ¿Encajaba
usted en el perfil al acabar sus estudios y buscar trabajo?
Este mercado laboral globalizado,
descarnado, que no entiende de sentimientos ni fronteras, tiene nuevas
necesidades y por lo tanto nuevas exigencias al mundo educativo. En la
Formación Profesional desde hace ya unos años nos hemos tenido que adaptar a
marchas forzadas a esta nueva situación porque todo nuestro alumnado debe hacer
varios meses de prácticas en empresas para obtener su titulación. Hemos visto
cómo ha ido cambiando el panorama en los últimos años, hasta convertirse en una
necesidad, ya apremiante. ¿Pero está respondiendo la escuela, los sistemas de
formación a estas nuevas necesidades? ¿El mundo educativo y los profesionales
de la formación  estamos preparados para
lo que se espera y exige de nosotros?
Tal vez sea interesante dar un
salto en el tiempo y pensar a qué dedicamos nosotros el tiempo en nuestros
estudios y de qué nos ha servido en nuestras trayectorias profesionales. ¿Qué
nos habría bien saber para ese viaje y qué cosas han venido en nuestra mochila
y no las hemos necesitado para nada? Muchos de ustedes recordarán haber pasado
muchas horas en el colegio buscando el máximo común divisor o el mínimo común
múltiplo, con afición por esconderse por lo visto. También descomponer
polinomios por Ruffini nos ocupó una temporada o resolver raíces cuadradas por
ejemplo. Horas y horas dedicadas a saber de memoria unos verbos irregulares que
no sabíamos donde poner o resolviendo integrales. Por no hablar de los idiomas,
años superando exámenes que a nadie garantizaba contestar bien a un turista que
buscaba una calle en Bilbao. ¿Le ha ayudado mucho en la vida todo esto?
Rafael Pilar
Esta claro que reformas como el
Plan Bolonia en la Universidad o las diferentes iniciativas de Formación en
Alternancia en la FP buscan recortar la clásica brecha entre empresa y escuela,
hoy más patente que nunca, puesto que las necesidades empresariales han
evolucionado mucho más rápido que las diferentes reformas educativas. 
Debemos ser valientes en los
entornos educativos si de verdad queremos preparar a nuestro alumnado para los
retos que les están esperando ahí fuera. No debemos obsesionarnos con hacer
superar al alumnado unos temarios comprimidos, muchas veces poco adecuados y
desde luego alejados de lo que empresas y sociedad esperan de ellos en su
desempeño laboral. Sin ningún miedo debemos ajustar las metodologías de
enseñanza, temarios y tecnologías poniéndolas, como mero instrumento, a lo
verdaderamente importante: el enriquecimiento y desarrollo personal y
profesional del estudiante. Permitirle entrenar y aprender cosas que de verdad
va a necesitar en su vida laboral y personal. Vamos, en otras palabras, que
sean capaces al final de su periplo educativo, de hablar solventemente dos o
tres idiomas, de aprender por sí mismos, de realizar análisis críticos de
situaciones y datos para llegar a una idea concisa de un asunto. Que, como la
vida misma, estén habituados a trabajar con otras personas, a comunicarse
adecuada y constructivamente. Que sean capaces de buscar y gestionar
información relevante, imagínense hoy en día entre océanos de datos, que les
lleve a una toma de decisiones adecuadas. Que no teman al error, que lo busquen,
que aprendan de él, que sean capaces de superarlo, como dijo Goethe “la única
persona que no se equivoca, es la que no hace nada” Y ahí vamos al quid de la
cuestión: ¿cómo se puede lograr eso en los colegios? Dejando hacer, no hay otra
vía. El alumnado debe trabajar en metodologías de aprendizaje que les permita
“learning by doing” o lo que e lo mismo aprender haciendo. ¿Se imagina aprender
a hacer una buena tortilla sólo estudiando la receta de Argiñano y superando
varios exámenes? Mi ama, que nunca superó ninguno, la hace maravillosamente.
Claro después de muchos años de práctica.
Queremos que nuestro alumnado
adquiera esas competencias técnicas y personales que la empresa valora en un
buen candidato. Para ello docentes y centros educativos hemos emprendido un
camino de no retorno en el que el aprendizaje por proyectos, la resolución de
proyectos, la evaluación de competencias y de conocimientos aplicados,
emprendizaje, simuladores, presentaciones, exposiciones orales han tomado las
aulas. Conceptos como entrenamiento de inteligencias múltiples, Desing Thinking
o desarrollo de la creatividad, están tomando las aulas progresivamente. Esto
ha exigido y lo hará más aún, un cambio en el rol del profesor. De ser un
transmisor de los conocimientos que tiene de un tema estamos pasando a ser
entrenadores, coachs si me permiten, guías, asesores, orientadores y sobre
todo, por encima de todo, motivadores. La motivación en el alumnado es la llave
que lo arranca todo. Si como docentes somos capaces de lograr que el alumnado
afronte sus proyectos educativos con la motivación del que hace algo que le
gusta, que le entretiene, que le apasiona… nunca nos olvidarán y estarán
eternamente agradecidos. Es lo que el experto mundial en educación,  Sir Ken Robinson, llama “El Elemento”.
Aquellos alumnos, motivados, apasionados que aman aquello que hacen, sin duda
cambiarán su entorno y tienen muchas posibilidades de guiar su propio destino
profesional.

Pero aún queda otro reto, que tal
vez afrontemos en otra ocasión. Volviendo a la pregunta de qué me hubiera
venido bien saber en este trayecto ¿qué me dicen de cómo vivir en pareja? ¿cómo
negociar con los bancos y evitar algunas de las sorpresas que llenan la prensa
estos tiempos? ¿cómo relacionarnos de forma sostenible con el planeta y sus
habitantes? ¿cómo cuidar de mi cuerpo y alimentarme adecuadamente? ¿cómo no
caer en depresión o superar la soledad? ¿cómo encontrar el equilibrio
emocional? y ya puestos ¿cómo ser feliz?, ahí es nada. No me cabe duda de que
en la educación del futuro, estos temas clave, “los temas” diría yo, tendrán su
espacio, su tiempo y sus gurús. Otro reto para la educación del futuro. 

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