(Castellano) La nueva formación que pretende destacar en los perfiles laborales: piloto de drones

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La falta de una autorización y el desconocimiento del reglamento pueden llevar a una multa de hasta 225.000 euros en función de la gravedad

Las nuevas tecnologías han desembarcado en el País Vasco ofreciendo una oportunidad para encontrar un empleo o añadir una competencia más al perfil laboral. Uno de los aparatos tecnológicos que ha despegado, literalmente, en el mercado son los drones. Y es que el uso de estas aeronaves está convirtiéndose en una herramienta de trabajo cada vez más habitual en las empresas transformando sus actividades, y sobre todo, con un abanico de oportunidades para los jóvenes.

Las primeras aeronaves no tripuladas aparecieron en el siglo XIX y surgieron para propósitos estrictamente militares. Ahora, el desarrollo de estos equipos poco tiene que ver con la tecnología empleada en sus orígenes, y su uso participa activamente en sectores como la agricultura, las energías renovables, la fotografía, y actividades como salvamento y rescate, siendo necesaria una titulación que garantice el conocimiento de estos aparatos.

¿Qué se necesita? Depende del uso que se quiera darle a la aeronave: si es como hobby no es necesario contratar un seguro de Responsabilidad Civil, aunque si recomendable, si pretendes grabar fuera de tu casa (respetando las instrucciones de la Agencia Estatal de Seguridad Aérea).  Pero si lo que se desea es utilizarlo de manera profesional, hay dos alternativas: trabajar para una operadora, o darse de alta como operador remoto al mando de un RPAS (Remote Piloted Aircraft Systems), como se le conoce al equipo.

De acuerdo con la Normativa, para el uso profesional se requiere superar una prueba y obtener un certificado oficial de la AESA, que acredite que legalmente que se pueden volar drones de 0 hasta 25 kilos.. Esta titulación avala los conocimientos de aeronáutica, mecánica porque, al fin y al cabo, este equipo es como un avión.

Julen Achiaga explicando el funcionamiento de un dron.

Para Julen Achiaga, piloto comercial de carga con más de 15 años de experiencia en el sector, esto «no es un juego».

Considera que la ciudadanía aún no es consciente de las dimensiones de este equipo, que si bien puede traer una maleta de oportunidades, el mal uso y la ignorancia de la normativa puede alcanzar una multa de hasta 225.000 euros, en función de la gravedad. «El incremento ha sido exponencial, aunque no está masificado», admite Achiaga. De acuerdo con la Agencia Estatal de Seguridad Aérea, hay más de 3.600 personas que pueden trabajar con drones. Es decir, «este mercado todavía está creciendo, lo que puede ser una ventaja», aclara.

Un plus en el curriculum

Achiaga ha enseñado a más de 100 personas que buscan una titulación oficial en el manejo de drones. Lo hace a través de Dronak, una escuela de pilotos de drones que también apuesta por el desarrollo de tecnología I+D+i. Achiaga ha sido instructor de avioneta, y ahora imparte a diario sus conocimientos sobre aeronáutica a jóvenes de Bizkaia y de otras provincias.

Cuenta que los que participan aprenden desde cartografía, lectura de mapas, el funcionamiento de GPS, ondas de radio, mecánica, todo lo necesario para manejar drones. «Para una torre de control, cuando volamos en sus cercanías, somos una aeronave más , no hace distinción entre aviones y drones , un error puede ser castigado , al final somos aeronaves», explica sobre las razones de aprender los detalles del reglamento.

El perfil de los alumnos que acuden a esta escuela son desde jóvenes que están terminando la carrera hasta los que apuestan por este curso como un valor añadido a su curriculum. «Es muy variado: ertzainas, bomberos que vienen por temas de rescate, personas dedicadas a la investigación y desarrollo que buscan agregar en su curriculum una nueva competencia; es un plus, definitivamente», detalla Archiaga. A la lista también se suman jubilados que aprovechan el tiempo libre para invertirlo en grabaciones de carreras que pueden generarles un ingreso extra, hasta quienes trabajan como fuerza de seguridad del Estado. Por esta razón, Archiaga los divide en dos categorías: Los que quieren ampliar sus conocimientos para un sector y los que se encuentran en uno y lo ven como una buena herramienta para su trabajo.

«Sin duda, los drones se pueden implementar en todos los campos de trabajo», afirma el experto. Entonces, ¿se podría llamar una profesión? Achiaga prefiere denominar el curso como un máster o un programa de especialización. «Si alguien tiene ya una profesión y añade a sus competencias el manejo del dron, será una gran ventaja frente a su competencia», ejemplifica.

Alejandro Menéndez:

«Con un dron puedes empezar a trabajar y sacar mucho partido»

Alejandro Menéndez tiene 32 años y se apuntó al curso «como una inversión». Después de terminar el instituto decidió estudiar Administración, pero al final terminó dejándolo. «Sentía que no me gustaba del todo», revela. En ese camino encontró una nueva pasión: los drones.

«Es un mercado emergente y accesible para todo el público», sugiere Menéndez. El joven ha visto una puerta para ingresar al mercado y sacar la mayor rentabilidad a su buen uso. «No es como tener una empresa de coches que necesitas mucha inversión, con un dron puedes empezar a trabajar y sacar mucho partido», aclara.

Esta afición por los drones le ha llevado a comprar más de uno cuando puede. Confiesa que disfruta de su manejo. «La parte lúdica es vital, se puede considerar como un deporte, mis padres están encantados».

Tras el curso se dedica a la investigación y desarrollo en Dronak. «Cuando terminé de estudiar coincidió con que había una vacante para trabajar aquí». Ahora se encarga junto a otros compañeros en el desarrollo del departamento I+D+I de la empresa. Anima a los jóvenes a que aprovechen la ventaja del momento. «La gente está aprendiendo ahora, no hay personas que tengan una experiencia de 20 años, este es el momento», asegura.

Marcos Martín Privitera:

«Se trata de una carrera de futuro que tiene mucho potencial y te brinda una salida laboral»

A Marcos Martín Privitera la curiosidad por los drones le vino cuando aterrizó a la capital vizcaína para realizar un MBA orientado al trabajo de Startups. Le asignaron las prácticas en Dronak para estudiar el modelo de la empresa y el empuje en este sector. Al finalizar las prácticas decidió aprender a pilotar drones y descubrir todo «el vocabulario aeronáutico». Marcos es ingeniero electrónico por lo que encontró el gusto en conocer a detalle el funcionamiento de los drones.

«Se trata de una carrera de futuro que tiene mucho potencial y te brinda una salida laboral». Lejos de su país natal, Argentina, recuerda que sus padres «ven a los drones como algo tan novedoso», aunque asegura que no son reticentes a la tecnología y que poco a poco está empezando a ser más conocido. Asimismo, lamenta la mala imagen que les han otorgado a los drones por parte de los medios de comunicación.

«Generalmente lo relacionan con actos delictivos, ya es hora de que se empiecen a conocer las bondades que tiene el dron», explica.
Todavía no tiene previsto regresar a su país, pero está seguro que quiere dedicarse a los drones en cualquier parte del mundo.

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