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¿Wall Street o Naciones Unidas?. Cuando se trata de definir escenarios de futuro, tenemos que describir el escenario apuesta, aquel para el que trabajamos. Artículo de opinión de Begoña Etxebarria en El Correo.

El 25 de septiembre de 2015, 193 jefes de estado aprobaron en Nueva York la agenda 2030 de Naciones Unidas con 5 “Pes” (áreas): People, Planet, Prosperity, Parnertship y Peace; y 17 objetivos: 1) Fin de la probreza. 2) Hambre cero. 3) Salud y Bienestar. 4) Educación de calidad. 5) Igualdad de género. 6) Agua limpia y saneamiento. 7) Energía asequible y no contaminante. 8) Trabajo decente y crecimiento económica. 9) Industria, innovación e infraestructura. 10) Reducción de las desigualdades. 11) Ciudades y comunidades sostenibles. 12) Producción y consumo responsable. 13) Acción por el clima. 14) Vida submarina. 15) Vida de ecosistemas terrestres. 16) Paz, justicia e instituciones sólidas. 17) Alianzas para lograr los objetivos. 169 metas. Una completa hoja de ruta para la humanidad.

“Estamos resueltos a poner fin a la pobreza y el hambre en todo el mundo de aquí 2030, a combatir las desigualdades dentro de los países y entre ellos, a construir sociedades pacíficas, justas en inclusivas, a proteger los derechos humanos y promover la igualdad entre los géneros y el empoderamiento de las mujeres y las niñas, y a garantizar una protección duradera del planeta y sus recursos naturales”, señalaron los estados en la resolución.

Aquel día, una delegación de Novia Salcedo estaba en Nueva York. Nos encontrábamos trabajando desde 2013 en un proyecto dirigido a que Naciones Unidas declarara una década a favor del empleo juvenil. Celebrábamos la aprobación de esta agenda con funcionarios españoles que habían colaborado en la redacción de la misma. Se había incluido el problema del desempleo juvenil a nivel mundial como uno de los retos. Estábamos muy esperanzados en que esta agenda nos ayudaría a todos, y ayudaría a la humanidad en su conjunto. En un momento de nuestra conversación, una de aquellas personas comentó «aquí en Nueva York están los dos mundos, Wall Street y Naciones Unidas». Al volver a mi tierra, en más de una ocasión cité esta frase con el fin de suscitar interés en lo que significaba este marco. Generé alguna reacción sobre la conveniencia de situarse en posiciones de equilibrio.

De la época de aprendizaje de prospectiva con Prospetiker aprendí que cuando se trata de definir escenarios de futuro, tenemos que describir el escenario apuesta, aquel para el que trabajamos. No es tan importante si lo alcanzamos o no, sino cuál es aquel futuro que deseamos, y sobre él identificar las palancas, activar las mentes y ponernos todos en marcha. Igualmente había que hacer el ejercicio de definir el escenario no deseado. A los dos escenarios había que ponerles un título.

Este es mi título para esos dos escenarios: Agenda 2030 de Naciones Unidas vs. Wall Street.

Pero ¿cómo podemos avanzar hacia el futuro deseado? En los años 2009-2013, en mitad de la gran crisis en la que aún nos encontramos, en nuestra Fundación nos preguntamos como otras veces en la historia ¿qué más podemos hacer? Reunimos a más de 300 personas de distintos mundos: la empresa, las organizaciones de la sociedad civil, funcionarios, políticos, académicos, jóvenes y mayores, mujeres y hombres a lo largo de cuatro seminarios. En ellos, identificamos los principales retos y las palancas accionables en tres niveles de actuación: las personas, las organizaciones y la sociedad. A este proceso de creación de conocimiento compartido lo denominamos Ícaro Think Tank. Fue el inicio de una transformación en primer lugar en el interior de nuestra organización, ya que no basta con decir a otros lo que tienen que hacer, hay que ser coherentes entre los valores declarados y los practicados. Debemos sembrar en el entorno para que las empresas asumamos estrategias y procesos organizativos coherentes, que aceleren los cambios a fin de evitar el ‘atascamiento’ a toda velocidad en el que nos encontramos. No veo en este momento otro mundo más eficaz y más capaz que el de las personas trabajando juntas, en equipo, en el interior de las organizaciones.

La Comisión Europea ha hecho público recientemente el documento de reflexión ‘Hacia una Europa sostenible 2030’. Mejor tarde que nunca, este documento se presenta como un primer paso para una futura estrategia europea de la aplicación global de la Agenda 2030. En él se encuentran alusiones claras al papel que las empresas podrían jugar en la misma. Entre los temas más importantes que señalan están los objetivos 9 (Innovación) y 17 (alianzas para el desarrollo) de los ODS. La UE vincula la innovación dentro de su análisis DAFO como una de las oportunidades y fuerzas positivas para el cambio de aquí y para el 2030, ya que son los instrumentos horizontales que pueden acelerar la transición hacia la sostenibilidad. Entre las razones que ofrece para esta propuesta es que las empresas y organizaciones pueden evaluar directamente su alto impacto gracias a los esfuerzos que están haciendo en transparencia y rendición de cuentas.

No hay ni habrá competitividad empresarial ni regional sin cohesión social. Las empresas pueden ser el mejor instrumento para ayudar a no dejar a nadie atrás. Son las que mejor entienden el competir y cooperar para conseguir resultados. Nuestra Fundación lleva cerca de 40 años facilitando el acceso al primer empleo de las y los jóvenes. No podemos construir más y mejor si no contamos con empresas con cultura de innovación.

 

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