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¿Pero qué vergüenza es ésta? El pago de sobornos es práctica habitual en distintos países del mundo.

El Barómetro Global de la Corrupción 2013 publicado hace unos días en Berlín por la organización Transparency International revela que la corrupción es un fenómeno extendido en el mundo y más de una de cada dos personas cree que la corrupción se ha agravado en los dos últimos años. La constatación de este vergonzoso comportamiento en nuestras sociedades viene avalada por el siguiente dato: más de 1 de cada 4 entrevistados ha pagado un soborno en los últimos 12 meses.
 

El informe se basa en la mayor encuesta de opinión pública sobre corrupción a nivel mundial realizada por un organismo independiente y destaca que el pago de sobornos en el mundo continúa siendo sumamente elevado. 114.000 personas de 107 países han respondido a la encuesta de Transparency International y el 27 por ciento de ellos afirma haber pagado un soborno al acceder a servicios públicos e instituciones durante el último año, dato que confirma lamentablemente que no se ha mejorado respecto a encuestas anteriores.

 
Paradójicamente, casi 9 de cada 10 encuestados estarían dispuestos a actuar contra la corrupción y están convencidos de poder contribuir al cambio con su disposición para combatir este fenómeno. Una proporción significativa está dispuesta a combatir el abuso de poder, los acuerdos clandestinos y el soborno, siendo dos tercios de aquellos a quienes se les pidió el pago de un soborno los que se habían negado a hacerlo. Ésto lleva a pensar que los gobiernos, la sociedad civil y el sector empresarial deben intensificar sus esfuerzos para conseguir que las personas contribuyan a revertir la corrupción.

Pero continuando con los datos revelados, el Barómetro Global de la Corrupción 2013 también pone de manifiesto que en demasiados países las personas no tienen confianza en las instituciones encargadas de combatir la corrupción y otros delitos. En 36 países se ha señalado a la policía como el sector más corrupto, y en esos mismos países, en promedio, la policía había pedido al 53 por ciento de las personas que pagaran un soborno. En 20 países el poder judicial es percibido como el más corrupto, y en esos países, en promedio, al 30 por ciento de las personas que habían tenido contacto con el sistema judicial se les había pedido el pago de sobornos.

 “Los gobiernos deben considerar seriamente este repudio a la corrupción por parte de la ciudadanía y responder con medidas concretas para reforzar la transparencia y la rendición de cuentas”, destaca Huguette Labelle, presidenta de Transparency International. “Se necesita un liderazgo contundente especialmente por parte de los gobiernos del G20, … en los 17 países del G20 incluidos en la encuesta, el 59 por ciento de los encuestados opinaron que su gobierno no está actuando adecuadamente para combatir la corrupción”.

  
Más datos del Barómetro Global de la Corrupción 2013 muestran que existe una crisis de confianza en la política y serias dudas respecto de la capacidad de las instituciones responsables de llevar a quienes delinquen ante la justicia. En 51 países de todo el mundo, se considera a los Partidos políticos como la institución más corrupta, y el 55 por ciento de los encuestados cree que el gobierno responde a intereses particulares. En todo el mundo, las personas creen que las medidas tomadas por sus líderes para poner freno a la corrupción son peores que antes de que se iniciara la crisis financiera de 2008, cuando el 31 por ciento consideraba que las acciones de sus gobiernos para combatir este fenómeno eran efectivas. Este año, esa proporción se ha reducido al 22 por ciento.
 
Los políticos, respondiendo a los requisitos de la transparencia, pueden actuar de manera ejemplar difundiendo sus declaraciones patrimoniales y las de sus familiares cercanos. Por su parte, los partidos políticos y los candidatos individuales deben dar a conocer de dónde obtienen sus fondos para que no haya dudas respecto a quiénes los financian, así como poder identificar posibles conflictos de interés.

“Los gobiernos deben asegurarse de que haya instituciones sólidas, independientes y con recursos suficientes para prevenir y remediar la corrupción. Cuando el flagelo de la corrupción erosiona a estas instituciones centrales y servicios básicos, demasiadas personas sufren las consecuencias”, concluye Labelle. 

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